“Sarum: The Novel Of England”, de Edward Rutherfurd

Tras un par de abandonos seguidos en el último mes, por fin he dado con una novela que he podido terminar. Tampoco es que me haya rechiflado, pero al menos ha conseguido mantener mi interés hasta el final, y con más de 1000 páginas eso no es moco de pavo.

Comienza a finales de la última glaciación, hacia el año 5000 A.C., con un cazador de la tundra del norte de Europa, un tipo fuerte y habilidoso en el manejo de herramientas, que decide viajar hacia el sur con su familia, en busca de una vida más fácil para los suyos. Pero su viaje se ve interrumpido por la ruptura del dique natural que unía lo que hoy es Inglaterra con el continente, así que se asientan en esa zona. Allí, en la confluencia de cinco grandes ríos en la que más tarde se asentó la ciudad de Salisbury, encuentran a otro cazador con su familia, un tipo pequeño, de dedos largos en manos y pies, astuto y hábil en los modos de la vida en el río. Durante generaciones, la convivencia entre ambas familias roza siempre la enemistad declarada, aunque se va manteniendo una paz precaria.

A lo largo de los siglos irá siguiendo a estas dos familias y sus ramificaciones durante los grandes acontecimientos y cambios que se vivirán en esa zona. La llegada del Neolítico con el desarrollo de la agricultura, traída por los primeros pobladores celtas, el desarrollo de la religión druídica y la construcción de Stonehenge en su momento de mayor auge, para ser después completamente erradicada con la ocupación romana.

El Panteón de dioses romanos no duró mucho, pues al poco tiempo llegó el Cristianismo, y perduró cuando llegaron la invasión sajona primero y la normanda después, en la Baja y Alta Edad Media respectivamente. La construcción de la catedral abarca varias generaciones, y la comunidad es cada vez más próspera. La Peste Negra en el siglo XIV diezma la población y supone un cambio en el sistema feudal, después llega el Anglicanismo, la Restauración, la Regencia… Las guerras con Francia y la Independencia de los Estados Unidos. Hasta llegar por fin a la Revolución Industrial en el siglo XIX, y después las dos Guerras Mundiales en el XX, para acabar en 1985, poco antes de la publicación del libro, con la visita de la Reina a la catedral de Salisbury para empezar a recaudar fondos para su restauración.

Me gustó especialmente la parte de la construcción de Stonehenge en una época en la que no se había inventado ni la rueda, por lo que trasladar aquellas piedras descomunales se tenía que hacer prácticamente por fuerza bruta. En general ha sido interesante, aunque al no haber más que pequeñas historias personales sin ningún protagonista claro a ratos se hace un poco pesado. Y eso que lo he leído en digital, que en papel debe de pasar del medio kilo…

Ha sido la última lectura de este año, creo que empezaré 2012 con algo más ligerito, en todos los sentidos.

¡Feliz Año Nuevo a todos!

“El temor de un hombre sabio”, de Patrick Rothfuss

Nada como un largo viaje en avión para terminar este tomazo de 1200 páginas, sobre todo si se sale con 2 horas de retraso, y si tu compañero de viaje también está enfrascado en un libro (recomendado por mí, debo decir).

Tenía muchas ganas de saber cómo continuaban las desventuras de Kvothe tras El nombre del viento. El segundo día que pasa Kvothe narrando su historia al Cronista continúa donde acabó el primero, en la Universidad, donde los rumores que circulan sobre él tras solo un año de estudios ya son míticos. Su enemistad con Ambrose continúa causándole problemas, y su relación con Denna parece en punto muerto, y aunque por fin ha conseguido que el maestro Elodin, uno de mis personajes favoritos, lo acepte como alumno de Nominación, no parece estar haciendo muchos progresos. Los pasajes con Elodin me encantan, espero que en el tercer libro haya muchos más.

Así que cuando se ve obligado a abandonar la Universidad por un tiempo, para servir al maer de Severen, no se lo toma muy mal. Y yo tampoco, que empezaba a pensar que nos iban a narrar su vida de estudiante día a día, la verdad es que ya se me estaba haciendo un poco pesado. Por no hablar de como el pobre cuenta sus gastos, moneda a moneda, lo que por un lado me aburre pero por otro mi parte TOC lo disfruta un montón.

Las aventuras se suceden, aunque no las voy a contar aquí que los spoilers son una cosa muy fea, el mito sigue creciendo, y al final del segundo día de narración tenemos a Knothe, con solo 17 años, convertido en leyenda viva y disfrutando de ello al máximo. No sé cuantas páginas tendrá el próximo tomo, pero tiene que contarnos el resto de su vida, así que la cosa va para largo a menos que todo sea como el relato del viaje desde la Universidad a Severen:

Para ir rápidos: hubo una tormenta, piratas, traición y un naufragio, aunque no en ese orden. Tampoco será necesario que diga que hice muchas cosas, unas heroicas, otras desacertadas, otras inteligentes y audaces.
Durante el trayecto me robaron, trataron de ahogarme y me dejaron sin un penique en las calles de Junpui. Para sobrevivir mendigué mendrugos de pan, le robé a un hombre sus zapatos y recité poesía. Esto último debería demostrar más que ninguna otra cosa el grado de desesperación que había alcanzado.

La verdad es que, aunque el libro me ha gustado muchísimo, a ratos se me ha hecho un pelín lento. Y también debo decir que el Kvothe niño me gusta mucho más que el adolescente, que a ratos es un poco petardo. Tampoco es que eso esté mal, un protagonista absolutamente perfecto y sin defectos es un rollo, pero afecta al ritmo del libro, o al menos esa es mi impresión.

Los interludios con Bast y el Cronista también hacen que uno quiera que avance la historia cuanto antes, así que ya estoy llena de impaciencia esperando a que salga la última parte. Entre el primero y el segundo pasaron seis años, espero que no haya que esperar tanto por la conclusión. Y sobre todo, seguimos sin saber la letra completa de Calderero, Curtidor. ¡Es indignante!

“A Spell For Chamaleon”, de Piers Anthony

Sigo con la lista de David Brin de novelas de ciencia-ficción, y debo decir que estoy MUY cabreada. Según Brin se trata de una fantasía en clave de humor sobre un país en el que todos sus habitantes tienen poderes mágicos excepto uno, nuestro protagonista. Hasta ahí estamos de acuerdo.

Pero además contiene uno de los mensajes machistas más ofensivos que me he encontrado desde que tiré por última vez contra la pared Forastero en tierra extraña.

Advierto que va a haber spoilers, pero es estrictamente necesario, para que pueda echar pestes.

El protagonista, Bink, está a punto de cumplir 25, así que se le acaba el plazo para descubrir cual es su poder mágico, o tendrá que irse al exilio y ya no podrá casarse con su novia. Para evitarlo, decide ir a ver al mago Humphrey y pedirle que le ayude a averiguar si tiene magia. Empieza el viaje iniciático, bla, bla, bla, aventuras a montones, el chico que se hace hombre, aunque yo diría que ya tiene una edad como para no andarse con chorradas, y todo lo normal en este tipo de historias.

Pero la cosa tiene miga. Porque durante su viaje, Bink conoce a varias chicas: una es una belleza pero totalmente carente de inteligencia, otra es mona y bastante lista, y la última es horriblemente fea y muy lista. Y resulta que las tres son en realidad una misma persona: Chamaleon, una chica que más que tener poderes mágicos resulta ser una criatura mágica en si misma que en un ciclo de un mes va cambiando de fea a hermosa y de inteligente a tonta. Y a Bink le parece que ha encontrado a la mujer de su vida, porque a él lo que le gusta es la variedad. Está bien que una chica sea lista, pero tan fea, no se puede aguantar. Y cuando es tan guapa está bien para un revolcón, aunque sea más simple que una mata de habas. Su novia anterior era guapa e inteligente, pero esa combinación tampoco le parece bien, porque resultó ser también astuta, calculadora y desleal.

Y que no se nos olvide, por si fuera poco, ambos están a punto de morir en el duelo final por culpa de Chamaleon, porque ya se sabe que las chicas tienen que ir al baño con frecuencia. No solo es estúpida sino que no controla sus esfínteres. Un bebé, vamos.

Yo no voy por ahí buscando activamente cosas con las que ofender mi sensibilidad feminista, leo ciencia-ficción y novela fantástica desde que tengo uso de razón, y sé que suelen estar dirigidas a un lector masculino. Pero la idea de que una mujer guapa tiene que ser estúpida, o una chica inteligente, fea, ya es lo bastante insultante sin tener que añadir que las chicas guapas y listas son malvadas. Desde luego, nunca nos dicen sin Bink es guapo o feo. Sabemos que es inteligente, leal y sincero, y se considera que con eso ya no importa si es una belleza deslumbradora o feo como un susto. Pero claro, siendo hombre, no tiene que ir al baño cada 10 minutos y eso lo compensa todo.

“Feed”, de M. T. Anderson

El otro día vi esta lista que hizo publicó David Brin con recomendaciones de novelas de ciencia-ficción. Yo le di bastante caña al género, sobre todo cuando era pequeña, así que me sorprendió la cantidad de libros de la lista que ni siquiera conocía. Decidí empezar por el principio (a mi TOC le encanta el orden alfabético), es decir, por Feed, puesto que La guía del autoestopista galáctico ya la he leído.

Y ha resultado ser una novela de lo más inquietante. Se desarrolla en un futuro súper-tecnificado, en el que la gente, en lugar de tener ordenadores, tienen un chip en el cerebro con el que acceden a lo que sería la Internet de la época, solo que además continuamente les envían mensajes con publicidad. El consumo lo es todo, las modas duran 15 minutos y quedarse pasado de moda es lo peor.

Todo esto parece ocurrir solo en los  EEUU, mientras que lo poco que se sabe del resto del mundo es que es un erial completamente polucionado que los mira con odio. Y no es que los estadounidenses estén mejor, todo el mundo sufre una especie de lesiones supurantes en la piel, pero como se ponen de moda no les dan importancia.

Es protagonista de la novela y su grupo de amigos están aún en edad escolar, aunque el colegio ya no es estatal sino que pertenece a las grandes corporaciones comerciales y lo que aprenden es a comprar las mejores gangas.

En una fiesta todo el grupo sufre un ataque de un hacker, que provoca que tengan que desconectarlos durante unos días del feed de información. Y cuando los vuelven a conectar, una de las chicas sigue teniendo problemas con el suyo, una avería que, al estar el chip tan ligado a las funciones neuronales, la va a llevar poco a poco a la muerte.

Es esta situación la que hace que el protagonista empiece a mirar un poco más allá de su vida de consumismo desaforado, aunque el pobre tampoco tiene muchas opciones al margen de esa vida. Toda la historia es bastante deprimente, pero al menos es original. Me gusta la c-f cuando muestra modelos de sociedad distintos a la nuestra, aunque en este caso lo peor es ver los puntos en común que tenemos.

Pero tengo que admitirlo, aquí en Ruanda, sin ninguna posibilidad de ir de compras, no me importaría poder ejercer un poquitito de consumismo desbocado.

Ahora voy a ver si sigo con la lista, o me lanzo ya a por El temor de un hombre sabio. ¡Me muero de ganas!

“The Thousand Autumns of Jacob de Zoet”, de David Mitchell

Me gustan mucho las novelas ambientadas en Oriente, sobre todo en la época de los primeros contactos con los europeos o de las colonias inglesas en la India o China.

Cuando vi este libro pensé que sería algo del estilo de Shogun, y no me equivocaba. En este caso, en lugar de un inglés en Japón tenemos al holandés Jacob de Zoet, que llega Dejima, el puerto franco que los holandeses tienen en Nagasaki.

De Zoet llega a Nagasaki en 1799, como una especie de auditor que tiene que revisar las cuentas de los empleados de la Compañía de Indias Orientales Holandesa. Esta tarea es prácticamente imposible dado el nivel de corrupción reinante entre los demás empleados, incluido su jefe. El resultado de su honradez es que se ve obligado a permanecer en Dejima en un puesto subordinado a los corruptos.

Es allí donde conoce a Aibagawa Orito, una comadrona que estudia con el doctor holandés, y ella es la causa de que se enemiste con el poderosísimo Abad Enomoto, quien quiere a Orito para su monasterio, en el que se realizan en secreto ritos atroces. También hace amistad con uno de los traductores japoneses y antiguo pretendiente de Orito. Y la cosa aún se complica más con la llegada de un barco inglés, que pretende desplazar a Holanda como única nación que comercia con los japoneses. Esto es un hecho histórico, la fragata inglesa Phaeton bombardeó Dejima en 1800.

La novela empieza narrada desde el punto de vista de de Zoet, pero hacia la mitad cambia a los personajes japoneses: Orito en el monasterio y el traductor que pretende ayudarla, para volver a de Zoet en la última parte, para el enfrentamiento con los ingleses.

Pero aun así, la novela no consigue el mismo tono de veracidad con los personajes japoneses que con los europeos. El choque que supone para el protagonista la cultura japonesa es creíble, pero no lo es cuando se trata de la reacción de los japoneses a las costumbres occidentales. En ese sentido, creo recordar que Shogun parecía no solo más realista, sino también estar mejor documentado. Tal vez es porque en esta época las dos civilizaciones ya llevaban varios años tratando la una con la otra, mientras que en Shogun se trataba del primer contacto, y la impresión en ambos lados era de total extrañeza, como si en vez de culturas distintas fueran especies distintas. Pero echo de menos una descripción más completa de las costumbres de los japoneses, de su filosofía de vida y de su sociedad.

Una cosa que no me ha gustado es que el Abad Enomoto obtiene poderes mágicos de los atroces ritos celebrados en su monasterio. No se puede criticar a los japoneses por su rechazo a la ciencia y por sus supersticiones si éstas resultan ser ciertas. No me pega meter en medio de la historia elementos paranormales, cuando todo el resto de la trama es de lo más realista.

Al parecer esta novela fue finalista al premio Booker. Tiene los méritos para ello.

“Promise Not To Tell”, de Jennifer McMahon

Lo que pasa con las novelas de misterio es que aunque no sean muy buenas uno sigue leyendo para averiguar quien es el asesino.

Es lo que pasa con esta historia, que no se termina de saber si es un thriller, una novela de fantasmas o un drama psicológico, y no se sabe porque la autora no parece terminar de decidirse por ninguna de las tres cosas.

La protagonista es una mujer que regresa a su pueblo natal para hacerse cargo de su madre, enferma de Alzheimer, y la misma noche de su llegada es asesinada una niña en circunstancias muy simulares a las de otro crimen, treinta años atrás, en el que la víctima era su mejor amiga.

En una serie de flashbacks nos van contando la historia de la amistad entre Kate, la protagonista, su amiga Del y el hermano de ésta, Nicky. Lo malo es que ninguno de los personajes es muy agradable, la verdad. Del es agresiva hasta casi la violencia, Kate la traiciona de la peor manera, y Nicky parece un poco pelele.

Hay demasiados elementos en la historia: asesinato, incesto, violaciones, homosexualidad, todo aderezado con una pizca de elemento paranormal, que no se sabe muy bien si uno tiene que creérselo o no. Además añadimos los problemas de cuidar a un enfermo de Alzheimer y los de crecer en una familia desestructurada y pobre.

Al final el asesinato se resuelve en uno de esos extrañísimos momentos que solo se dan en la ficción en el que el asesino se suelta en un monólogo en el que explica con detalle todos sus crímenes, todo ello mientras se prepara para matar a otra niña. Yo hubiera pensado que es una tarea que requiere un poquito más de concentración, pero qué sabré yo…

“The Postmistress”, de Sarah Blake

Desde que salí de casa la madrugada de ayer para coger el taxi al aeropuerto hasta que llegué anoche a mi destino pasaron 16 horas, tiempo más que de sobra para terminar los dos tercios que me quedaban de este libro.

Las protagonistas de esta historia son todas mujeres, empezando por la jefe de correos del pequeño pueblo al que llega Emma Fitch, recién casada con el doctor local. La tercera es Frankie Bard, una periodista estadounidense cuya voz les llega a través de la radio desde la Batalla de Inglaterra. Se supone que ella es quien cuenta la historia, sobre una jefa de correos que retenía cartas a propósito. Luego parece que la autora se olvida y cambia el punto de vista narrativo, porque cuenta cosas que la periodista no podía saber. Ni siquiera se llega a saber cómo se entera de lo de las cartas retenidas.

La novela empieza un año antes del ataque a Pearl Harbour, y termina justo antes, en el último año antes de que los EEUU entraran en la Segunda Guerra Mundial, y cuando ya mucha gente sentía que tenían el deber moral de unirse a los Aliados. Entre ellos el doctor, que se marcha a Londres para ayudar a atender a los heridos de los bombardeos. Allí se encuentra con la periodista, pero el asunto se limita a una conversación de unos minutos.

La verdad es que toda la historia es bastante deslabazada. Empieza con la cartera, que es una mujer de unos cuarenta años, yendo a un médico para que le de un certificado de virginidad, para dárselo al hombre que ha empezado a interesarse por ella. Ante el desconcierto del médico, que no puede comprender para qué quiere algo así, ella le dice que “cualquier hombre querría saber que es el único”. Ojiplática me quedo. Por suerte el hombre en cuestión es bastante más sensato y cuando ella le entrega el certificado que dice que está “intacta”, le contesta que él en cambio está ya bastante estropeado. Pero ese tema también queda en nada, no aporta nada a la historia.

La esposa del doctor, como es lógico, vive angustiada y llena de preocupación por su marido, pero eso tampoco se desarrolla demasiado. Lo más interesante es la descripción de la vida durante los bombardeos que hace la periodista, y más tarde de la desesperación de los miles de judíos que vagan por Europa intentando huir del genocidio. Pero claro, es fácil conmover con algo tan trágico, y además verídico.

Tengo la impresión de que la autora tenía varias ideas, pero no supo desarrollar ninguna. No lo recomiendo, ni siquiera como lectura rápida. Con este marco histórico y en plan costumbrista, me quedo mil veces con El regreso, de Rosamunde Pilcher.

“Shakespeare: The World As Stage”, de Bill Bryson

Hay muy pocos datos comprobables sobre William Shakespeare, como este libro repite en numerosas ocasiones. Aparte de su lugar de nacimiento, su matrimonio y la fecha de su muerte, en la mayoría de los casos las pruebas son contradictorias. Empezando por su propio nombre, que figura en un documento escrito tres veces de su puño y letra, cada una con una ortografía diferente de la anterior, y todas ellas distintas de la grafía que consideramos la correcta hoy en día.

Bill Bryson recoge toda la información y desinformación que  hay sobre Shakespeare y nos hace un resumen, en el que en realidad lo que más hay son datos que se ha comprobado que eran erróneos, o que son imposibles comprobar, o que son más bien lo que al biógrafo de turno le habría gustado que fuera cierto.

Desde su nacimiento hasta su muerte, pasando por los años desconocidos de su vida y los años de gran éxito en la corte de Isabelina y después en la Jacobina, aparentemente todo lo que se conoce o se supone sobre Shakespeare está resumido en este libro, así como el debate, surgido en el siglo XIX y que continúa hoy en día, sobre si realmente fue él quien escribió sus obras. Según Bryson, esto último es absurdo, y da razones que parecen sólidas para descartar que otro autor o grupo de autores pudieran haber sido los auténticos creadores de esas obras.

Ha sido interesante, pero he echado de menos un mayor análisis de las obras en sí, así como del impacto que han tenido en la literatura durante todos estos siglos. Y no solo en la literatura, sino también en el cine. Pero en fin, supongo que no se puede pedir más. Se trata de un libro cortito, ameno y que se ciñe al tema: ayudarnos a conocer un poco mejor a William Shakespeare, o al menos a comprender por qué sigue siendo un gran desconocido.

“The Suspicions of Mr. Whicher”, de Kate Summerscale

El título completo de este libro es: The Suspicions of Mr. Whicher: A Shocking Murder and the Undoing of a Great Victorian Detective. Cuando lo empecé pensé que se trataba de una novela, aunque basada en hechos reales, pero se trata más bien de un análisis exhaustivo de cómo el asesinato de Road-Hill House influyó no solo en la familia en la que tuvo lugar y en los hombres que lo investigaron, sino también en la forma en que la sociedad de la época veía el trabajo policial de investigación, y hasta en la literatura.

En 1860 un niño de 3 años, Saville Kent, apareció muerto, apuñalado y degollado, en el retrete de su casa, en circunstancias que dejaban claro que el asesino tenía que ser alguien de dentro de la casa. Las autoridades locales iniciaron una investigación, pero el asunto los superaba, así que pidieron ayuda a Londres, para que les enviaran a uno de los miembros de la división de Detectives, creada apenas unos años antes.

El elegido, el Mr. Whicher al que hace referencia el título, fue uno de los ocho detectives con los que se creó el cuerpo y estaba considerado como el investigador estrella del grupo. Tanto Charles Dickens como Wilkie Collins lo conocían, y es más que probable que  el sargento Cuff de La piedra lunar esté basado en él, al igual que el inspector Bucket de Casa desolada está inspirado en el jefe del departamento, el inspector Charles Frederick Field.

Los detectives, hasta aquel momento, estaban considerados como una especie de héroes, hombres de gran inteligencia y percepción, capaces de desentrañar la maraña que era un crimen hasta llegar a su resolución. Pero eso cambió con el caso de Road-Hill House. Las pruebas que encontró la policía eran escasas y nada esclarecedoras, así que fue a base de interrogar a los miembros de la familia y al servicio, y haciendo suposiciones en base a los motivos de cada uno, como Mr. Whicher llegó a la conclusión de que la asesina era Constance Kent, la medio hermana de 15 años del niño asesinado, tal vez con la ayuda de su hermano William.

Pero únicamente con pruebas circunstanciales fue imposible conseguir una condena, y la prensa se lanzó contra el detective. La opinión pública no podía aceptar que una niña hubiera cometido un crimen tan horrible, así que se revolvió contra el hombre que la había acusado. Además, el que un policía, una persona de clase baja, tuviera el derecho de husmear en los asuntos de los que estaban por encima de él, de espiar sus asuntos para luego ventilarlos ante el público, era algo intolerable para la sociedad británica. Mr. Whicher vio como aquel caso suponía el fin de su carrera como detective.

Pocos años más tarde el caso se resolvió por fin mediante la confesión del culpable, pero para entonces la figura del detective como alguien astuto y artero ya estaba fijada tanto en la sociedad como en la literatura. La novela de misterio nació en esos años de la mano de Wilkie Collins y Dickens y fue desde el principio un rotundo éxito, y este libro analiza la influencia que tuvo este crimen en aquellas primeras obras. Hay dos hermanos, posibles asesinos en El misterio de Edwind Drood, y también en Otra vuelta de tuerca, de Henry James. Hay un detective que está equivocado en La piedra lunar, y una joven acusada de un crimen en La dama de blanco.

Supongo que habrá mucha gente a la que un libro que hace un estudio tan exhaustivo tanto de la sociedad como de la literatura de la época, al margen del propio crimen que trata, le resulte árido y aburrido. No ha sido mi caso, yo lo he pasado en grande, supongo que porque en parte porque hablan de algunas de mis novelas favoritas. Tanto Dickens como Collins, por no hablar de Henry James, me parecen escritores extraordinarios, y sus obras una delicia que nos hacen disfrutar con cada palabra, cada insignificante personaje secundario y cada giro inesperado y completamente increíble de la trama. Es fascinante ver que todas esas cosas tenían su reflejo en la realidad.

También tengo que decir que empecé a leer libros en formato digital a causa de Wilkie Collins, cuando vi en una librería una edición en tapa blanda de Sin nombre por 4500 pesetas. Esa misma noche lo descargué de Project Gutenberg, de forma totalmente gratuita y legal.

“84, Charing Cross Road”, de Helene Hanff

Esta recopilación de la correspondencia entre una escritora y guionista estadounidense y los empleados de una pequeña librería de viejo de Londres es tan ameno y tan cortito que se puede leer de una sentada. Las cartas abarcan un periodo de más de 20 años, empezando poco después de la Segunda Guerra Mundial, cuando los británicos todavía sufrían el racionamiento y la carencia de las cosas más básicas.

Helene empieza encargando libros, pero poco a poco se va desarrollando una amistad con los empleados de la librería, sobre todo con su principal interlocutor, el señor Doel, a quien ella acaba llamando Frankie. En las cartas se mezclan los libros más diversos con los envíos de la escritora de latas de conservas, huevos y medias de nailon para las empleadas y la esposa de Frank. Y si bien en un principio su único interlocutor es Frank Doel, termina carteándose con varios de los otros empleados, con la esposa de Frank, con su vecina, una anciana a la que también le envía comida, y por último, en los últimos años de su vida, con sus hijas.

Es bonito ver que una amistad puede durar tantos años entre personas que nunca llegan a conocerse, pues a pesar de los continuos planes de Helene de viajar a Londres, siempre había algún imprevisto que se lo impedía. También me ha gustado ver esa amabilidad con unos extraños, la corrección y la educación en el lenguaje y la delicadeza con los sentimientos de los demás, algo que supongo que hoy en día se considera totalmente pasado de moda. La gente escribía cartas para dar las gracias cuando alguien tenía con ellos una pequeña atención. Porque lo que para Helene no suponía más que emplear un poco de su tiempo y gastarse 10 dólares en un pequeño paquete de comida o unos pocos pares de medias, para sus amigos ingleses era tener acceso a cosas que no tenían desde antes de la guerra.

Me ha recordado un poco a The Guernsey Literary and Potato Peel Pie Society, también perteneciente al género epistolar y también ambientada en la post-guerra, aunque no me ha llegado a gustar tanto como aquél, que me pareció precioso y que recomendaría a cualquiera. Pero claro, éstas son cartas reales mientras que el otro era una ficción, lo que permite hacer las mucho más interesantes. En cualquier caso, ha sido muy bonito y lo he disfrutado mucho. Debo decir que he detectado un laísmo, cosa que me ha puesto muy malita, pero he decidido ignorarlo, armarme de valor y seguir adelante.