“The Lords of Discipline”, de Pat Conroy

Durante los años 60 Pat Conroy fue alumno de The Citadel, una de las seis academias militares estatales de los EEUU y en esta novela hace una descripción muy poco favorable de la institución, aunque lo hace como ficción. El autor siempre mantuvo que la academia retratada en su novela no era exactamente su alma mater, sino más bien un compendio de varias academias militares y de sus métodos, pero aun así parece que sus antiguos compañeros no quedaron muy contentos con el retrato que hace de ellos.

La historia está narrada en primera persona por Will McLean, un católico de origen irlandés que acude al ficticio Instituto Militar de Carolina del Sur con una beca de baloncesto. La novela describe la vida en el Institudo de Will y sus tres compañeros de habitación, dos chicos de origen italiano y otro de la alta sociedad de Charleston, y se divide en cuatro partes. En la primera Will describe el inicio de su último curso en el Instituto y la llegada de los nuevos alumnos, entre los que se encuentra el primer chico negro en ser admitido (por orden judicial) entre sus muros. El Coronel Berrineau, cariñosamente conocido como The Bear, le encarga que cuide del nuevo alumno, pues hay rumores de que una organización secreta que existe desde hace años en la escuela ha jurado que lo harán abandonar antes de que acabe su primer año. La segunda parte es un flash-back al primer año de Will en el Instituto, describiendo el infierno de malos tratos y hasta torturas que sufren los nuevos a manos de sus compañeros, con la total aprobación de la administración de la escuela. La tercera parte narra el último año de Will y sus compañeros, su repulsa por los métodos brutales que se emplean con toda normalidad, y sus esfuerzos por proteger al chico negro, y la cuarta parte cuenta su enfrentamiento con The Ten, la dichosa organización secreta.

Alguna vez he visto imágenes en los telediarios de ese tipo de academias militares en Estados Unidos, normalmente de la llegada de los nuevos alumnos, que ponen como noticia curiosa, así que ya había visto a esos chicos uniformados y en formación, mientras los alumnos mayores les gritaban toda clase de insultos y les ordenaban hacer flexiones o contestar preguntas sin parar. Siempre pensé que era algo bastante tonto, después de todo, ¿qué más da que un desconocido te grite insultos durante un rato? Pero la vívida descripción que hace Conroy de esas sesiones, que a veces duraban toda la noche y que a menudo acababan con los chicos perdiendo el conocimiento por el agotamiento, la humillación y el terror, me ha dado otra visión del tema. Además de que las sesiones solían ser nocturnas y sin supervisión de los mandos, e incluían castigos físicos.

Lo que el joven Will cuenta es que aquella experiencia espantosa y terrorífica le enseñó mucho sobre la vida y sobre la clase de persona que quería ser, o más bien, la clase de persona que no querría ser jamás. Y que perseveró y no abandonó porque estaba seguro de que algún día contaría esa experiencia y daría a conocer a todo el mundo lo que era aquel infierno. La escuela moldeaba soldados, lo que llamaban “hombres completos”, pero también sacaba sádicos que disfrutaban demasiado de aquellos métodos.

Como en sus otras novelas, Pat Conroy trata sus temas favoritos: la educación de los jóvenes, los abusos y la influencia positiva del deporte, todo ello en su entorno favorito, la ciudad de Charleston, en Carolina del Sur. La descripción que hace de sus calles, sus casas y sus habitantes, a los que describe al mismo tiempo con cierta crueldad pero con cariño. No sé si los paisajes de Carolina del Sur son tan bonitos como él los describe, pero consigue que uno tenga ganas de comprobarlo. En su última novela, South of Broad, vuelve a describir esas mismas calles con el mismo afecto.

“The No. 1 Ladies’ Detective Agency”, de Alexander McCall Smith

Pensando en mi próximo viaje a Ruanda me he decidido por una lectura africana. Tengo pendiente Baking Cakes in Kigali, que me regalaron el año pasado por mi cumpleaños y es de lo más apropiado para mí, ya que transcurre en Ruanda y me encanta la repostería. Pero había oído hablar muy bien de este otro libro, que ya tenía en versión digital, y me decidí por él para leer en el tren de camino a casa. Ocho horas para recorrer el trayecto Madrid-Vigo, pero en fin, eso es otra historia.

La acción transcurre en Gaborone, capital de Botswana, donde Mma Ramotswe es la orgullosa propietaria de la Agencia de Detectives para Señoras nº 1 (al pie de la colina de Kgale). Mma Ramotswe no tiene casos grandiosos ni importantísimos, la mayoría de sus clientes son esposas que sospechan de la fidelidad de sus maridos, u hombres de negocios que no se fían de posibles socios. Ella lo resuelve todo con inteligencia y sentido común, y con el orgullo de ser la nº 1.

Además de resoslver sus pequeños misterios(a veces no tan pequeños), nos describen la cultura, las costumbres y los paisajes de Botswana, uno de los pocos países de África que no está sumido en el caos  o la pobreza. Tal vez sea una visión demasiado color de rosa, porque no creo que la vida al borde del Kalahari sea tan fácil ni todos los botswanos vivan en la abundancia viendo engordar sus vacas, por muchos diamantes que haya en el país, pero la verdad es que es un alivio encontrar una historio sobre África en la que no haya hambre, guerras cruentas y multinacionales avariciosas esquilmando el país por igual. Tan solo se da un toque algo más oscuro cuando se menciona la magia tradicional africana, que requiere sacrificar algún niño de vez en cuando.

Este libro es el primero de una serie de más de una docena, y según creo cada uno continúa justo donde terminó el anterior. Habrá que ir echándoles un vistazo.

“Catching Fire”, de Suzanne Collins (audiobook)

La historia continúa donde quedó al final de The Hunger Games, con Katniss y Peeta como campeones de los Juegos. El hecho de que hayan sobrevivido los dos se considera un desafío a las normas impuestas por el Capitolio, y hace que los Distritos los tomen como un símbolo de unión y de rebelión.

El siniestro Presidente Snow en persona visita a Katniss y le hace saber que más le vale portarse como una buena chica durante la Gira de la Victoria, o su familia pagará las consecuencias.

La primera mitad del libro se hace un poco lenta y pesada, con Katniss en modo triángulo amoroso adolescente, que no debe haber cosa más tediosa en el universo. Es que Peeta es taaaaaaaan bueno, pero yo siempre he querido a Gale… Nenita, toma una decisión y no des más la brasa, y sobre todo deja a esos dos pobres chicos tranquilos de una vez.

Pero por fin la cosa se anima. Cada 25 años hay unos Juegos especiales, con normas distintas, y este año han decidido que los Tributos se elijan de entre los vencedores de otros años, con lo que Katniss y Peeta tienen que vuelver a participar. En mi opinión, un movimiento muy poco inteligente por parte del Capitolio, a la vista de los problemas que Katniss ha causado ya. ¿No habría sido mejor dejarla en casita y que la gente se fuera olvidando de ella?

Los Juegos del Hambre siguen siendo de un sadismo extraordinario, aunque en esta ocasión al menos los participantes son todos más creciditos.

Quitando el rollo romántico, para el que no tengo paciencia (culpo a Crepúsculo de la proliferación de estas tonterías), el resto es muy entretenido, y con un final que te deja deseando pasar a la última parte. Será una de mis próximas lecturas, eso seguro.

“Missing sisters”, de Gregory Maguire

Los otros libros de Gregory Maguire que había leído hasta ahora y, hasta donde yo sé, la mayoría de los que ha publicado, son versiones diferentes de cuentos clásicos, como Mirror Mirror, o Lost. Normalmente son versiones en las que cambia el punto de vista y villano de la historia pasa a ser el protagonista. En Mirror Mirror es la madrastra de Blancanieves la que cuenta la historia, y en su novela más famosa, Wicked, la heroína es la Malvada Bruja del Oeste, espléndida en todo su verdor.

Esta historia es diferente, aunque conserva algo de ese aire de cuento para niños.

Alice tiene 12 años, está medio sorda y tiene dificultades para hablar. Además es huérfana y vive en un orfanato regentado por monjas, en los años 60. Las cosas no le van muy bien en la vida, y encima la monja con la que mejor se lleva resulta herida en un incendio. Cuando Alice descubre por casualidad que puede tener una hermana gemela, adoptada por una familia que la quiere y la trata bien, se desespera, porque parece que toda la suerte se la ha llevado su otra mitad.

La novela es cortita y fácil de leer, y tiene sus puntos de humor, sobre todo por parte de las monjas, que se toman las extravagancias de Alice con cierta ironía. Y la reacción de Miami, la gemela de Alice, al encontrarse a alguien con su cara en la puerta de su casa resulta de lo más divertida.

He leído que el autor pasó parte de su infancia en un orfanato católico. Si este libro es una muestra de sus recuerdos de aquello, resulta tranquilizador. Es un alivio encontrar una historia sobre huérfanos en la que no les dan palizas ni los matan de hambre ni hay pederastas acechando en cada esquina, y aunque la forma en que retrata a los católicos es un pelín almibarada tampoco es excesivamente cursi.

Estoy en modo de lectura ligera, antes de pasar a algo con más enjundia. Tengo unos 150 archivos en mi e-book, y no tengo ni idea de qué leer ahora, así que acepto sugerencias…

“Eric”, de Terry Pratchett

Creo que he perdido la cuenta, este cuál viene a ser, ¿el noveno? Creo que sí, el número 9 en la saga de Mundodisco. Después de varias semanas de mudanza, de llevar cajas cual mula de carga y comprar muebles y demás puñetas varias que hacen falta en una casa nueva, necesitaba leer algo ligerito, fácil y no muy largo. Así que me decidí por otro libro más de la famosa saga de Terry Pratchett, que es tan entretenido y tan fácil de leer. Por fin volvemos a recuperar a Rincewind, que había quedado perdido en algún limbo demoníaco al final de Sourcery, y que sigue igual que siempre: en franca huida.

Rincewind consigue volver al mundo gracias a que el joven Eric ha convocado a un demonio para pedirle tres deseos: ser el amo del mundo, tener a la mujer más hermosa (o alguna entre las 100 primeras) y vivir eternamente. Como ocurre siempre cuando se trata de pedir deseos, el resultado no es en absoluto el esperado, agravado porque además los deseos no se los está pidiendo a un auténtico demonio, sino a un mago que no consiguió pasar de primero.

Pero, también como siempre cuando se trata de Terry Pratchett, resulta una lectura divertida y amena. El concepto del infierno como centro absoluto de la burocracia es digno de Kafka, y la solución de los demonios a los problemillas que tienen con su rey me hizo pensar en el principio de Dilbert.

Ha sido muy entretenido, a ver si poco a poco soy capaz de leerme toda la saga. Son como 38, pero si fui capaz de leerme los 20 de Master & Commander, esto es pan comido.

“Snow Crash”, de Neil Stephenson

Los chicos de El Bibliófilo Enmascarado me han pedido una colaboración, así que les he enviado esta reseña, la de mi última lectura. Dicen de mí unas cosas estupendas, así que no dejéis de pasar por su blog para echarle un vistazo, que es de lo más interesante. Muchas gracias, Cesar, @scen, Jesus y Oscar, me ha encantado colaborar con vosotros.

El Repartidor pertenece a un cuerpo de élite, una orden sagrada. Rebosa esprit de corps. En este momento se prepara para llevar a cabo su tercera misión de la noche. Su uniforme, negro como el carbono activado, absorbe la mismísima luz del aire. Las balas rebotan en el tejido de aracnofibra como un gorrión al chocar con una puerta, pero el exceso de sudoración lo atraviesa como brisa que soplase sobre una selva recién bombardeada con napalm.

Así empieza Snow Crash, novela perteneciente al género del cyber-punk, publicada en 1992. Y el Repartidor reparte nada más y nada menos que pizzas, que parece una exageración tomarse tan en serio la puntualidad en el reparto como pare enviar a esa especie de comando ninja a entregarlas. Pero no lo es tanto, cuando repartes pizzas para la Mafia.

La sociedad del futuro que plantea esta novela ya no se parece en nada a la actual. Los gobiernos, o al menos el de los EEUU, se han devaluado y reducido hasta casi desaparecer, y el poder está en manos de grandes corporaciones o franquicias, a las que la gente pertenece o para las que trabajan. La franquicia de Narcolombia se ocupa de la venta de drogas, que no es que sea legal, sino que ya no importa su ilegalidad. Sus barrios son violentos e inseguros, a diferencia de los de la Mafia, con su estructura basada en la familia y el pago de favores. El Honk Kong de Mr. Lee parece ser la base financiera (el dólar americano está tan devaluado que los billetes de un billón ya no valen nada). El servicio de correos ha sido sustituido por los korreos, quinceañeros en monopatines de altísima tecnología que se desplazan a toda velocidad arponeando a los coches que pasan.

En medio de todo esto surge la amenaza de un virus que tiene la peculiaridad de ser transmisible tanto por contagio sanguíneo como informático. Porque afecta al firmware del cerebro, así que un hacker capaz de leer código binario quedaría infectado con solo echar una mirada al bloque de ceros y unos en el que está escrito el virus. ¿Complicado? Sí, y enervante, maldita sea, ¡que yo sé leer binario!

Pero la cosa va a más, porque este virus es el mismo que provocó el caos en la torre de Babel, alterando la parte del cerebro que procesa el habla. O sea, que es un virus creado por Dios.

El pizzero, que además es un hacker, se enfrentará a esta amenaza con la ayuda de una de los korreos, tanto en el mundo real como en el Metaverso, una especie de Second Life mucho más desarrollado en el que la gente vive una vida mucho mejor que la real.

La trama es enrevesadísima, pero resulta muy entretenida, y es un futuro que, bien pensado, no parece tan improbable (dejando al margen los virus divinos que escriben en la BIOS del cerebro). El autor es muy irónico y crítico, sobre todo con los pequeños fragmentos de burocracia que se resisten a desaparecer, como los Federales. Hay un memorandum sobre el papel higiénico que resulta divertidísimo. Os pongo un fragmento:

Sin generalizar en exceso, puede afirmarse que una característica inherente e inmanente de cualquier fondo común de papel higiénico llevado a cabo a nivel de oficina, en un entorno (i.e., edificio) en el que los aseos públicos están distribuidos por pisos (i.e., en el que varias oficinas comparten una misma instalación) es que en los confines de cada oficina debe proveerse un espacio para el almacenamiento temporal de las unidades de distribución de papel higiénico (i.e., rollos). Esto se deriva del hecho de que si las UDPH (rollos) se almacenan, mientras están inactivas, fuera del alcance de la oficina controlante (i.e., la oficina que ha adquirido colectivamente la UDPH), es decir, si las UDPH se almacenan, por ejemplo, en un vestíbulo o en el interior de la instalación en la cual se utilizan, estarán sujetas a «mengua» al ser consumidas por personas no autorizadas, bien como parte de un intento deliberado de hurto, bien a causa de un sincero malentendido, es decir, la creencia de que las UDPH son proporcionadas gratuitamente por la agencia operativa (en este caso el Gobierno de los Estados Unidos), o bien como resultado de una necesidad, como en el caso de un derramamiento de líquidos que amenaza equipo electrónico delicado y cuya gestión, pues, no admite demora.

Esto es solo una pequeña parte, la cosa se prolonga durante seis páginas.

Una lectura interesante y muy entretenida.

“La señora Frisby y las ratas de Nihm”, de Robert O’Brian

Hablando con un amigo de las películas de nuestra infancia, de las cuales tenemos en común un número asombroso, los dos nos descubrimos fans incondicionales de NIHM, el mundo secreto de la señora Brisby, una peli de animación de 1982 requetemonísima, pero a la vez con un punto siniestro y de miedo poco común en las películas infantiles, o al menos diferente de lo que nos tenía acostumbrados la Disney. Desde luego, el gato Dragón es mil veces más siniestro que el Lucifer de La Cenicienta.

Descubrimos también que yo no había leído el libro en el que se basa la peli, así que mi amigo rebuscó en su biblioteca y me lo trajo. Un espíritu afín.

Al leer el libro se ve que la película es muy fiel a la historia. La señora Frisby es una viuda con cuatro hijos y un gran problema: el pequeño está enfermo, y no estará recuperado cuando llegue el día de la mudanza. Y si no abandonan su casa de invierno para trasladarse a la de verano, el arado la destrozará. Porque la señora Frisby es una ratona de campo, y su casa está en el huerto.

Dragón vs. Lucifer

 

La señora Frisby acude a las ratas para pedir ayuda, y así descubre que su difunto marido había llegado allí con ellas, procedentes de un laboratorio donde los habían vuelto inteligentes mediante un experimento.

El libro me ha recordado un poco a La colina de Watership, aunque quizás sea más infantil. Pero es realmente lindo, tanto como la película. Quizás la peli sea un poco más oscura, y añade un elemento de magia que no está en la historia original, pero ambos merecen la pena, tenga uno la edad que tenga.

“La hija de Robert Poste”, de Stella Gibbons

cover Me decidí a leer este libro porque en la contraportada decían que está considerada la novela cómica más perfecta de la literatura inglesa del siglo XX. Y sí que es cómica, aunque no de reírse a carcajadas, sino más bien irónica y satírica y todas esas cosas tan sutiles que hacen tan bien los ingleses.

La novela se publicó en 1933, pero está ambientada unos 20 años en el futuro, por lo que hace referencia a personas y hechos inexistentes. Por ejemplo, da la impresión de que se han popularizado los viajes en avión, pero no son vuelos comerciales como los que conocemos hoy en día, sino que se viaja en aeroplanos de dos plazas, una para el piloto y otra para el pasajero. Y los teléfonos también transmiten imágenes, como una videoconferencia. ¿Había televisión en 1933, aunque sólo fuera como idea? Estoy casi segura de que no.

Flora Poste acaba de quedarse huérfana y sin recursos, así que decide pedir a todos sus parientes que la acojan, para luego decidir con cuáles quedarse. Todos contestan que estarían encantados de que se fuera a vivir con ellos (esta no es una Fanny Price, está claro), y Flora elige a los Starkadder, literalmente los Malas Víboras, de Cold Confort Farm.

Todos los habitantes de la granja y sus alrededores parecen personajes sacados de Cumbres Borrascosas con un toque de D.H. Lawrence, llenos de violentas pasiones, de arrebatos y largas rencillas entre ellos, mientras que Flora se comporta como una Emma que va a civilizarlos y a resolver todos sus problemas sin apenas esfuerzo. La mejor, la tía Ada Doom, que sin salir apenas de su habitación maneja con mano de hierro a toda la familia, a los que no permite ni siquiera alejarse un poco de la granja. Su método de control es muy simple: en cuanto alguien le lleva  la contraria se pone a gritar que cuando era pequeña vio algo sucio en la leñera. Un pequeño ejemplo:

—Vi algo sucio en la leñera.

Flora se volvió hacia Judith levantando las cejas con un gesto inquisitivo. Se elevó un murmullo entre los asistentes, que estaban observándolo todo con mucha atención.

—Va a ser que ésta es una de sus noches malas… —dijo Judith, cuya mirada empezó a vagar lastimosamente por la cocina en busca de Seth (que estaba engullendo un filete en una esquina)—. Madre —dijo, en un tono un poco más elevado—, ¿no me conoces? Soy Judith. Te he traído a Flora Poste para que la veas… Es la hija de Robert Poste.

—¡No, no…! Yo vi algo sucio en la leñera —exclamó la tía Ada Doom, moviendo frenéticamente la cabeza de un lado a otro—. Era un caluroso mediodía… de hace sesenta y nueve años. Y yo no era más grande que un pajarillo. Y vi una cosa muy su…

—Bueno, a lo mejor es que es así cómo le apetece saludarme —dijo Flora en un tono perfectamente calmado. Había estado observando la firme mandíbula de la tía Ada, y sus ojos limpios, su pequeña boca apretada, y aquellas férreas zarpas que tenía clavadas en el Boletín Semanal de Productores de Leche y Guía de Ganaderos de Vacuno, y llegó a la conclusión de que si la tía Ada estaba loca, entonces ella, Flora, era uno de los hermanos Marx.

He buscado por ahí, y hay una adaptación al cine bastante reciente, a ver si la veo y luego la comento.

“Ala de dragón”, de Margaret Weiss y Tracy Hickman

cover Libro uno de la serie de “El ciclo de la puerta de la muerte”.

Leí este libro por recomendación de D., que hasta me lo tuvo que prestar en papel, porque no encontré una versión digital bien hecha. Hacía un montonazo de años que no leía nada de este par, desde los tiempos de la trilogía de Las crónicas de la Dragonlance y todas las que la siguieron, de las que me tragué unas cuantas.

En esta novela la temática es similar, volvemos a tener magia y dragones, y elfos y enanos tipo Tolkien. Aunque a estos elfos les gusta la col hervida, lo cual es simplemente inconcebible. ¿Se puede uno imaginar algo menos élfico que la peste a col hervida? Yo, desde luego, no.

Lo que es muy original es la geografía de este mundo: las rocas emiten un gas más ligero que el aire que las hace flotar en la atmósfera, por lo que su territorio está dividido en una serie de islas flotantes en diversos estratos, con los enanos abajo y los misteriarcas, poderosos y malvados magos, arriba. Está claro de donde sacó James Cameron la idea para Avatar.

La historia es entretenida y los personajes bastante interesantes, salvo el malo, que no me ha gustado mucho. Es del tipo malo malísimo, pero porque le da la gana de serlo, no parece tener ninguna motivación que lo justifique o al menos que haga comprensibles sus actos.

La serie es muy larga, y este libro da la impresión de ser una mera presentación del escenario y los jugadores principales. Por lo que me ha dicho D., la cosa mejora mucho en los siguientes libros. Veremos.

“The Hunger Games”, de Suzanne Collins (audiobook)

cover Primer libro de una trilogía cuya publicación acaba de completarse, y que está teniendo muchísimo éxito. Me ha recordado un montón a La larga marcha, de Stephen King (publicado bajo el pseudónimo de Richard Bachman).

La acción se desarrolla en un futuro que no parece demasiado lejano, en un país llamado Panem que parece surgido de los restos de los Estados Unidos. El país consta de 12 distritos, controlados con mano de hierro por La Capital. Un intento de rebelión en el pasado terminó con la destrucción total del decimotercer distrito, y con los otros doce obligados a trabajar casi como esclavos para la omnipotente Capital. Además, una vez al año se celebra un sorteo en cada distrito, del que salen elegidos un chico y una chica de entre 12 y 18 años. Estos 24 “tributos” son llevados a una especie de coto de caza cerrado y controlado, y obligados a luchar entre ellos y por su supervivencia, hasta que sólo quede uno, un ganador que llevará algo de prosperidad a su distrito. Todo esto es televisado minuto a minuto para disfrute del resto del país. Es lo que llaman “Hunger Games”.

La protagonista, Katniss, se presenta voluntaria como tributo en lugar de su hermana pequeña, y aunque no tiene muchas esperanzas de ganar, está decidida a intentarlo. En este primer libro nos presentan a los personajes, nos cuentan toda la preparación de los Juegos y su desarrollo, una masacre en toda regla. Supongo que en el siguiente se dedicarán a la rebelión que tiene toda la pinta de estarse preparando.

Es una novela entretenida y fácil de leer, aunque a ratos es un poquiiiito demasiado para adolescentes, aparte del hecho de que parece poco probable que una sociedad pueda llegar a semejante vacío moral.