“Jonathan Strange and Mr. Norrell”, de Susanna Clarke

coverHace un año empecé este libro pero no llegué muy lejos antes de cansarme. No es que no me estuviera gustando, supongo que simplemente no era el libro adecuado para aquel momento. Pero ahora he vuelto a darle otra oportunidad y esta vez sí que lo he terminado, sus 1000 páginas enteritas.

Resulta muy curioso ver combinados en este libro por una parte un retrato fiel de la Inglaterra de principios del siglo XIX, con la aparición de personajes tan conocidos como Lord Wellington, el rey loco Jorge III o Lord Byron, y por otra la magia como elemento si no cotidiano, al menos no desconocido.

Porque Jonathan Strange y Mr. Norrell son los dos primeros magos en Inglaterra tras varios siglos, desde que el Rey Cuervo desapareció y dejó su reino, el Norte de Inglaterra, en manos del rey del Sur. En poco tiempo desde su desaparición la magia fue disminuyendo hasta dejar de funcionar por completo, y su reaparición es una gran sorpresa.

A pesar de ser una novela tan larga no se me ha hecho nada pesada. Está escrita con un estilo lleno de ironía y con un cierto aire antiguo que hace pensar en las novelas de Jane Austen, aunque el tema no tenga nada que ver. La inclusión de acontecimientos históricos resulta muy divertida, como la intervención de Jonathan Strange en las guerras napoleónicas como ayudante de lord Wellington.

No quiero revelar nada del argumento así que solo voy a añadir que es un libro que merece la pena, lleno de sorpresas y muy bien escrito.

“La Era del Diamante – Manual ilustrado para jovencitas”, de Neal Stephenson

Hace unos meses leí la primera novela que publicó Neal Stephenson, Snow Crash, que me pareció extraordinaria. Este año el autor ha publicado una nueva novela que ha tenido muy buenas críticas, pero en lugar de leerla mi trastorno obsesivo-compulsivo ha tomado el mando y me he ido directa a buscar su segunda novela. Hay cosas contra las que no se puede luchar.

La historia se desarrolla en un siglo XXI altamente tecnológico en el que ya no hay países sino tribus o phyles, a las que uno se afilia (si la dejan) y de las que recibe protección. Los que no pertenecen a ninguna tribu viven de las migajas de las sociedades más poderosas, y de los alimentos gratuitos que la nanotecnología permite fabricar.

En Shangai un miembro de la nobleza neovictoriana no está conforme con la educación de las clases acomodadas, así que encarga a un ingeniero que diseñe para su nieta un dispositivo, un libro interactivo diseñado para crear un vínculo con su propietaria y ayudarla a desarrollarse. Al ingeniero le parece una idea genial y diseña el Manual ilustrado para jovencitas, fabrica un ejemplar para su rico empleador y contrata a un hacker chino, el Doctor X, para hacer otra copia para su propia hija. Pero de vuelta a su casa atravesando los Territorios Cedidos es atacado por un grupo de muchachos sin tribu, que le roban el Manual.

Así es como el libro acaba en manos de Nell, una niña cuya educación, en el caso improbable de que hubiera podido recibirla, desde luego no se iba a ver perjudicada por ninguna situación privilegiada. El Manual le enseña a leer, a defenderse y a enfrentarse a cualquier situación.

Pero la cosa no queda ahí: el Doctor X consigue hacerse con una copia del diseño, y lo emplea para fabricar manuales para sus propios fines. Pronto se complicarán las cosas para Nell cuando comienzan las luchas entre las tribus que defienden la nanotecnología y los Puños de la Recta Armonía, que pretenden su destrucción total. Todo muy complicado y con un ritmo trepidante.

La novela pertenece al género del ciberpunk más puro, y sin embargo está llena de referencias a Dickens, desde los títulos de los capítulos, largos, descriptivos y con ese uso del punto y coma tan típico de la novela victoriana, hasta el nombre de la protagonista, Nell, que desde el principio me hizo temer por su destino. Además la tribu dominante en esta sociedad tan inmersa en la tecnología es una que ha elegido como modelo ético la victoriana. Por supuesto, como me encanta Dickens para mí todo esto no hace sino añadir virtudes a la novela, que ya las tiene de por sí en cantidad.

Me ha gustado mucho y la he leído muy rápido, a pesar de su complejidad. Un buen escritor de ciencia-ficción no se para a explicar todas las peculiaridades del futuro que ha inventado, sino que deja que el lector las vaya deduciendo a partir de sus referencias, y Stephenson es claramente uno de los buenos. No me va a quedar más remedio que buscar cual es su tercera novela.

“Pórtico”, de Frederik Pohl

Tengo una opinión ambigua respecto a este libro. Es bueno, no voy a negarlo, y la idea es muy original: en un futuro de superpoblación y miseria en el que no parece haber ningún tipo de protección social, los humanos descubren la tecnología de los Heechees, desaparecidos hace siglos, que no comprenden pero que utilizan. El descubrimiento más importante es Pórtico, una especie de estación espacial llena de naves Heechees pre-programadas. El protagonista es uno de los prospectores que se embarcan en esas naves para descubrir si hay algo aprovechable en esos destinos. Muchos no regresan nunca, y otros lo hacen muertos, pero para los pocos supervivientes, la recompensa puede ser como ganar la lotería.

La narración se desarrolla en dos líneas temporales, alternando un capítulo para cada una. En el presente, Rob asiste a sesiones de terapia con un ordenador-psicólogo, un holograma al que le cuenta sus sueños y que intenta hacerle enfrentarse a sus neurosis. Entre sesión y sesión, el mismo Rob cuenta su llegada a Portico, su terror a embarcarse, sus viajes y finalmente el descubrimiento que le da su fortuna. Todo muchísimo más interesante que el rollo freudiano de la terapia, que la verdad es que resulta un poco lento.

Ya digo que la novela es buena, pero todo el rato he tenido la sensación de que estaba esperando un gran acontecimiento que nunca llega. El viaje de descubrimiento que le da a Rob su fortuna resulta anticlimático por su poca importancia. Y tal vez sea idea mía, pero los personajes femeninos, por algún motivo, tal vez por la facilidad con la que caen en la cama del protagonista, me hacen pensar en Heinlein, un escritor que odio a muerte.

Total, que es un libro que empieza con mucha fuerza y que plantea ideas originales e interesantes, pero que en mi opinión se queda a medias.

“El Libro del Día del Juicio Final”, de Connie Willis

Me parece que aquí en Ruanda ha bajado mi ritmo de lectura, en toda la semana solo he leído este libro, y ya lo había empezado antes de venir. Se ve que el muermo local me está afectando.

Esta es una de las novelas de viajes en el tiempo de Connie Willis. En su Oxford del siglo XXI, los historiadores utilizan el viaje en el tiempo como forma de estudio del pasado, lo cual tiene su lógica. Aplican un baremo a cada época según su peligrosidad, pero dicha valoración puede cambiar, así que cuando se rebaja del 10 al siglo XIV, una joven estudiante se empeña en viajar a 1320, 28 años antes del inicio de la epidemia de Peste Negra en Inglaterra.

Aun con la opisición frontal de uno de sus profesores, que considera que acabará siendo violada, asesinada o quemada por bruja, o una combinación de las tres cosas, Kivrin consigue hacer el tránsito, con la mala suerte de que su viaje coincide con una epidemia de gripe en el siglo XXI. El operador de la máquina del tiempo, enfebrecido, la envía por error a 1348. La chica acaba perdida en mitad de la peor epidemia de Europa, mientras que la cuarentena en el siglo XXI impide que la rescaten.

El relato alterna los acontecimientos, en cierto modo similares, de las dos épocas, con el pánico cundiendo por igual en los dos tiempos, aunque claro está, no hay comparación entre la medicina moderna y los pobres métodos de curación del siglo XIV. Pero en las dos narraciones tenemos ejemplos de gente que se aferra a sus tareas, como las campaneras de Oxford, que siguen ensayando su concierto aunque sea imposible celebrarlo, o el párroco medieval que sigue tocando a vísperas cuando no hay casi nadie vivo, y desde luego nadie sano, como para acudir a sus rezos.

Es una historia muy inglesa, tanto es sus lugares como en sus personajes. Parece que a cada momento van a sacar el té de las cinco.

Y me ha hecho pensar, ¿a qué época del pasado me gustaría viajar? Siempre me ha interesado más el futuro, y poder ver los avances tecnológicos fascinantes que nos esperan, mientras que la idea de morir de gangrena por un simple corte me pone los pelos de punta. Creo que si tuviera que elegir, viajaría a 1963 para asistir al concierto de los Beatles en el Londom Palladium y experimentar en primera persona la Beatlemania. I love you, Paul!