“El Mago de la Serpiente”, de Margaret Weis y Tracy Hickman

El cuarto libro del Ciclo de la Puerta de la Muerte transcurre en Chelestra, el cuarto mundo creado por los todopoderosos Sartán. Si en el primero de esos mundos las tres razas mensch, humanos, elfos y enanos, vivían en constante conflicto, en el segundo mantenían una tregua precaria y llena de desconfianza, y en el tercero habían sido aniquilados, en Chelestra por fin han conseguido aprender a vivir en armonía. Chelestra es un mundo de agua, helado por completo en su superficie pero líquido por dentro debido a un sol interior. Los únicos lugares habitables son una especie de burbujas que producen oxígeno y permiten la vida en ellos. Y eso que el agua de Chelestra es especial y puede ser respirada. Es un mundo sin las carencias de los anteriores, pero como todos los demás tiene un problema: el sol se está alejando de las burbujas en las que viven los humanos, elfos y enanos, así que deben trasladarse.

Pero esto está a punto de cambiar, cuando tanto Haplo como Alfred llegan a este mundo de agua tras cruzar una vez más la Puerta de la Muerte. Alfred llega a la ciudad sartán, donde el mítico Consejo que organizó la separación de los cuatro mundos duerme en una especie de hibernación. Alfred los despierta, y ahí empiezan los problemas. Los sartán son arrogantes y se consideran superiores a cualquier otra raza, y desconfían de Alfred al saber que ha tenido tratos con un patryn.

Por su parte, Haplo se encuentra con los mensch, que están en pleno proceso de abandonar las burbujas en las que viven, y se dirigen, nada menos, que a la tierra de los sartán, quienes no los van a recibir de forma amable, y menos si llegan acompañados de un patryn.

Por fin parece que el personaje de Haplo empieza a evolucionar y a darse cuenta de que el conflicto entre los patryn y los sartán amenaza con llevarse por delante a las tres razas mensch, que en el mejor de los casos son meros espectadores, pero que la mayoría de las veces son peones y carne de cañón a manos de un bando u otro.

Por cómo termina este volumen, sospecho que el próximo tendrá lugar en el Laberinto. Puede ser interesante.

“El mar de fuego”, de Margaret Weis y Tracy

Tercer libro de El ciclo de la puerta de la muerte, y el que más me ha gustado hasta ahora.

Si en el primer libro Haplo visitaba un mundo de aire, con sus islas flotantes, y en el segundo un mundo de fuego con un sol doble y un día perpetuo, en esta ocasión toca un mundo de roca sólida y total oscuridad.

Las condiciones de vida son tan dura que hombres, enanos y elfos, los mensch, han desaparecido, y a diferencia de los otros dos mundos han quedado los sartán. Pero son unos sartán degenerados, débiles en la magia, y que han concentrado sus esfuerzos en la nigromancia. Así, resucitando a sus muertos y haciendo que trabajen para ellos, consiguen mantener las condiciones de vida mínimas para sobrevivir.

Me ha gustado la ambientación de este libro, ese mundo oscuro plagado de túneles, con su mar de magma como única fuente de calor y luz que permiten la vida, y al mismo tiempo también la fuente de los gases venenosos que acaban con ella. También la idea de los vivos conviviendo con los muertos vivientes, sus sirvientes y al mismo tiempo la causa de su debilidad.

El personaje de Haplo empieza a evolucionar y a cuestionarse esa devoción ciega por su Señor, e incluso parece empezar a sentir una cierta amistad, aunque renuente, por Alfred.

El siguiente volumen será en el mundo de agua, el último de los cuatro, pero después aún hay otros tres libros más.

“La estrella de los elfos”, de Margaret Weis y Tracy Hickman

Este es el segundo libro de El ciclo de la Puerta de la Muerte, que sigue a Ala de Dragón. Llevaba meses con el libro a medias por culpa de tanto viaje porque lo estaba leyendo en papel (préstamo de D.), y cuando viajo sólo me llevo el lector digital. Pero ahora que estoy de vuelta, y antes de volver a marcharme (que será pronto, me parece), decidí que tenía que acabarlo como fuera.

Haplo, el protagonista de la serie, continúa viajando por orden de su amo, visitando los mundos en los que los sartán, sus ancestrales enemigos, distribuyeron a elfos, enanos y hombres. En esta ocasión es un mundo lleno de luz, en el que nunca se hace de noche, lo que hace que la vegetación crezca hasta casi ahogarlo todo. Los sartán también han desaparecido de este mundo, dejando a sus tres razas protegidas desamparadas y a merced de los titanes, que se suponía que iban a ser sus niñeras pero se convierten en sus destructores.

Y el que viene a enredarlo todo aún más es Zifnab, que obviamente es el mismo Fizban de los libros de la Dragonlance, y que va a compañado por un dragón. Al igual que en la otra saga, se comporta como un chiflado, todo el rato haciendo referencia a cosas del mundo real que para el resto de los personajes son incomprensibles, o a situaciones y personajes de otras novelas, como Gandalf o Pern. La pena es que el traductor, Hernán Sabaté, no parece un gran lector de novela fantástica, o al menos no sabe que la frase de Gandalf “Run, you fools!” se tradujo en la edición española como “¡Huid, insensatos!”, y no, como hace él, como “¡Corred, estúpidos!”, con lo que se pierde la referencia. No será porque le dan pocas pistas, porque incluso el propio Zifnab compara su forma de soltar la frasecita con la de Gandalf.

Por lo demás, este libro parece un poco de transición. El planeta no es tan interesante como el anterior, con sus rocas flotantes, y los personajes secundarios tampoco son demasiado elaborados. La elfa hermosa y voluptuosa con su ropa ajustada parece más bien una concesión a los lectores adolescentes que otra cosa. Acabé un poco harta de las referencias a sus “redondos pechos”; nunca jamás en mi vida he visto pechos que no sean redondos. Caídos, puede. O fofos. Incluso arrugados. Pero nunca cuadrados ni triangulares, ni con forma de Halcón Milenario.

El tercer libro, al parecer, se desarrolla en un planeta sumido en la oscuridad. Creo que me va a gustar más que éste, pero se quedará para la vuelta del próximo viaje.

“Ala de dragón”, de Margaret Weiss y Tracy Hickman

cover Libro uno de la serie de “El ciclo de la puerta de la muerte”.

Leí este libro por recomendación de D., que hasta me lo tuvo que prestar en papel, porque no encontré una versión digital bien hecha. Hacía un montonazo de años que no leía nada de este par, desde los tiempos de la trilogía de Las crónicas de la Dragonlance y todas las que la siguieron, de las que me tragué unas cuantas.

En esta novela la temática es similar, volvemos a tener magia y dragones, y elfos y enanos tipo Tolkien. Aunque a estos elfos les gusta la col hervida, lo cual es simplemente inconcebible. ¿Se puede uno imaginar algo menos élfico que la peste a col hervida? Yo, desde luego, no.

Lo que es muy original es la geografía de este mundo: las rocas emiten un gas más ligero que el aire que las hace flotar en la atmósfera, por lo que su territorio está dividido en una serie de islas flotantes en diversos estratos, con los enanos abajo y los misteriarcas, poderosos y malvados magos, arriba. Está claro de donde sacó James Cameron la idea para Avatar.

La historia es entretenida y los personajes bastante interesantes, salvo el malo, que no me ha gustado mucho. Es del tipo malo malísimo, pero porque le da la gana de serlo, no parece tener ninguna motivación que lo justifique o al menos que haga comprensibles sus actos.

La serie es muy larga, y este libro da la impresión de ser una mera presentación del escenario y los jugadores principales. Por lo que me ha dicho D., la cosa mejora mucho en los siguientes libros. Veremos.