Y van nueve. Pero en cuanto hay un libro de Ender yo tengo que leerlo, así que como si son 150, y aunque hayan pasado 23 años entre El juego de Ender y éste.
En esta ocasión, volvemos a saltar atrás en la cronología interna de la saga, para aterrizar justo entre los dos últimos capítulos de El juego de Ender. La guerra contra los insectores ha terminado, Ender sigue en Eros, y empieza a darse cuenta de que no va a poder volver a casa, ya que lo consideran un arma demasiado poderosa para pertenecer a un único país. Por lo tanto su única opción es el exilio a una de las nuevas colonias que se están estableciendo en los mundos de los insectores, aunque no tendrá que ir solo, lo acompañará su hermana Valentine.
Ender sigue como siempre, su capacidad para entender a los demás lo pone siempre en una situación de ventaja, ya que sabe cómo van a reaccionar y qué es lo que de verdad quieren.
Es un libro para atar cabos sueltos, como ¿por qué Ender es el gobernador de su colonia? ¿Cómo se inicia el movimiento del Portavoz de los muertos? ¿Cuándo pasa Ender de ser considerado un héroe al peor asesino de la historia? Y ya de paso, lo que queda de la saga de las Sombras, con el hijo perdido de Bean y Petra. Esto último me ha parecido un pegote, la verdad. También se responde la única pregunta que preocupa a Ender, que es por qué los insectores se dejaron matar.
No me ha gustado mucho cómo se resuelve el tema de los padres de Ender, que en los libros de las Sombras tienen una parte muy activa. Aquí Ender se niega a tener ningún contacto con ellos durante años, y cuando por fin lo hace dice que es porque no le parecía justo que tuviera que ser él el que iniciase el contacto. Sin embargo, al principio del libro sus padres se quejan de que es Ender el que no contesta a sus cartas…
Ésta es la novela número… ¿15? ¿16? de la serie de los Vorkosigan (sólo hay una y media por detrás), y la primera con un Miles ya adulto y ligerísimamente más relajado.
Jenna Fox se despierta en un futuro no muy lejano con la mente totalmente en blanco y sin ningún control sobre su cuerpo. No recuerda quien es, ni a sus padres, ni lo que le ha pasado. Sus padres le dicen que ha estado en coma un año y medio tras un accidente, y poco a poco va aprendiendo a moverse y empieza a recordar cosas.
Siempre que leo algo de este hombre, acabo irritadísima. Hay grados, claro, éste no me ha irritado hasta los extremos de Forastero en tierra extraña, pero sí bastante más que Historias del futuro. Se suponía que esta novela me iba a convencer de que en realidad Heinlein no era un machista. Pues va a ser que no.
Ésta es la novena novela de la serie de los Vorkosigan, creo, y una de mis favoritas. Es cierto que no aparecen los mercenarios Dendarii, lo cual es una pena, pero la complejidad de la sociedad cetagandana compensa esa falta con creces. Los haut por un lado, los ghem por otro, y las muheres haut manejando los hilos de todo…