Si normalmente Burke es un tipo oscuro, estando deprimido ya se sale del espectro del color.

La novela arranca donde termina Bluebelle, con la muerte de Belle durante el último golpe de Burke: una complicada trama para eliminar a Mortay, el karateka psicópata que amenaza a su hermano. El acabar con la vida del padre-abuelo de Belle no lo hace sentirse mejor, y la cosa se complica aún más con la aparición de dos figuras de su pasado: un asesino a sueldo implacable y una prostituta (que menudos compañeros de juego tenía el chaval…). Tras un buen reguero de cadáveres, se cierra todo el lío que Burke había dejado pendiente en la historia anterior, tanto con la policía como en su círculo.

La novela cuenta con los elementos de siempre: los bajos fondos, los abusos a menores, y la idea de que, si se hace daño a un niño, crecerá para hacérselo a otra persona.

Otro libro más de Burke. En esta ocasión sin Max el Silencioso, ya que Burke se enfrenta a un chiflado que quiere retar a Max a un combate a muerte, así que Burke lo manda de viaje para evitar problemas.

Me pregunto hasta qué punto son verosímiles los pactos que Burke hace con la policía en esta novela, tipo “yo me cargo a este que no lo vais a poder procesar, y os dejo las pruebas para que pilleis a los jefes del cotarro”. Después de todo, el autor es abogado del estado, y lleva años defendiendo a niños víctimas de abusos. Tal vez esto es simplemente lo que le hubiera gustado hacer con todos esos degenerados que veía salir libres para seguir abusando de sus propios hijos.

Creo que ahora le voy a dar un descanso a Burke, y le voy a dar un tiento a algo más ligerito. Acabo de bajarme 5 Gb de libros de ciencia-ficción, así que tengo material de sobra.

Segundo libro de la serie del detective privado y estafador profesional Burke.
En esta ocasión recibe el encargo de recuperar una foto pornográfica que le han hecho a un niño. El crío está traumatizado, y es lo bastante pequeño como para creer que se se destruye la foto, se elimina el mal que le han hecho, así que Burke removerá cielo y tierra para encontrar esa foto en particular, aplastando con gran entusiasmo a todo cuanto pederasta se interpone en su camino. Una vez más cuenta con la ayuda de su “hermano” Max el Silencioso, un gigante mongol sordomudo (“Tuvimos el mismo padre: el Estado.”)
Casi todos los personajes de las novelas de Vachss pertenecen a los bajos fondos, pero tienen sus principios y sus lealtades, y se aferran a ellos como si no tuvieran ninguna otra cosa en el mundo.

Éste es el primer libro de la serie del detective privado Burke. El autor, Andrew Vachss, es un abogado americano que sólo defiende a niños que han sido víctimas de malos tratos y que, por supuesto, basa sus novelas en sus experiencias en ese campo.
La historia narra cómo Burke, un detective privado/paranoico profesional ayuda a una mujer a buscar al hombre que violó y asesinó a la hijita de su amiga, y resulta muy entretenida, aunque un poco cruda. No porque describa con detalle los crímenes de los degenerados que pululan por ella, sino porque ser refiere a ellos como si fueran algo común y habitual.
Burke resulta un tipo fascinante, que sólo confía en un selecto grupo de gente extrañísima: una vieja china dueña de un restaurante que lo alimenta como si fuera su madre, un judío chiflado que hace magia con la electrónica, un gigante tibetano mudo al que se refiere como su hermano (los dos tuvieron el mismo padre: el estado), y su perra Pansy, un mastín napolitano capaz de matar a una persona sólo con sentársele encima.
Me ha gustado descubrir a este autor, lleva toda su vida intentando hacer del mundo un lugar mejor. Me interesé por él porque lo escuché en una entrevista del podcast de Barnes&Noble (aquí), y me gustó mucho. Entre otras cosas, dijo que sólo escribe sus novelas porque con lo que gana así, puede permitirse dedicarse sólo a defender a niños, mientras que antes tenía que intercalar otro tipo de casos para ganarse la vida.
También dijo que quería que sus libros se vendieran más baratos (!!!!), porque consideraba que para mucha gente los libros son un lujo, y él quería que estuvieran al alcance de cualquiera.