Tercer libro de la serie de Anne Shirley, que narra los cuatro años que Anne pasa en la Universidad de Redmond.
Anne tiene 18 años y ha pasado los dos últimos trabajando como maestra en Avonlea y preparándose para la universidad con el pobre Gilbert, que la sigue como un perrito. Además de Gilbert, a Redmond también acuden dos de sus amigas de Queens, y ya el primer día hacen una nueva amiga, Philippa Gordon, un personaje muy divertido.
En este libro Anne recibe cinco propuestas de matrimonio (espero no dejarme ninguna), que rechaza una tras otra. Algunas son alucinantes, como la del que se declara a través de su hermana. Pero rechazar a Gilbert es un error, una crueldad y no tiene perdón. Me revientan los argumentos que se basan en que los personajes sufran por tomar decisiones a todas luces equivocadas y que es evidente que les van a causar infelicidad. ¿Que ahora te das cuenta de que no debiste tratar así de mal a ese pobre chico? Pues te aguantas, y si se busca a otra te está bien empleado.
Por supuesto, Gilbert no se busca a ninguna otra, aunque pueda llegar a parecerlo, así que cuando la tonta de Anne por fin se da cuenta de que ha metido la pata y se cansa de tontear con el guapo de la clase, él sigue ahí esperándola, y todo acaba como tiene que acabar.
La serie se aparta del argumento de este libro mucho más que de los dos anteriores. En la serie Anne no va a la universidad, sino a trabajar como maestra en un colegio para niñas, y en vez de con un compañero de clase sale con el padre de una alumna, un viejo que me ponía malísima. Pero sí que es igual de mala con Gilbert. Y termina con el mismo y satisfactorio “Yo no quiero joyas ni suelos de mármol, sólo te quiero a ti”.


