Ayer, haciendo uso de gran sutileza, mano izquierda y morro, y casi sin que pareciera idea mía, conseguí que nos organizaran una visita al Parque Nacional de Akagera, en la frontera entre Ruanda y Tanzania, a un par de horas escasas en coche de Kigali.
Quedamos con el chofer a las 4 a.m. (dolor!), pero se quedó dormido y no apareció hasta las 4.45. Dió igual, recuperó el tiempo perdido conduciendo como un loco, con lo que llegamos al parque a las 6, donde recogimos a un guía y empezamos la visita.
Es una zona tipo sabana, con jirafas y antílopes. Al parecer hay un único elefante, que claro, no vimos. Y hubo un león hace años, pero se fue cuando la guerra, que casi mejor, porque así a veces podíamos bajar del coche con toda tranquilidad (la mayor parte del tiempo no, para no espantar a los animales).
Estuvimos en el parque unas cuatro horas, recorriéndolo en el todo terreno y parando cada poco porque había un animal nuevo al lado del camino. Sólo nos quedaron sin ver las cebras, que parece que hoy no les dio la gana de asomarse. He hecho un millón de fotos, y hasta algunos vídeos, ha sido estupendo.
A los tres minutos de entrar en el parque, zas! Jirafa!

Y al poco ratito nos encontramos con una manada de búfalos descansando a la sombra.

También hemos visto montones de antílopes, impalas, y hasta jabalíes. Me encantan las orejas de los impalas, parece que estuvieran ribeteadas de terciopelo.

En la segunda parte del safari hemos ido a una zona donde hay un lago con hipopótamos, cocodrilos (sólo vimos uno pequeñito), y un montón de babuinos.

¡La babuina con su babuinito, a un metro del camino! Ahí puesta, tan pancha y sin inmutarse. Estoy lista para mi primer plano, señor De Mille. ¿No está fantástica?
Ahora está lloviendo a mares y no podemos salir del hotel, pero hemos pasado una mañana estupenda.