… da gusto tener sed!

La foto que viene a continuación es de una Fanta naranja ruandesa, que aquí parece aún más popular que la Coca-Cola.

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Ese increíble tono naranja-radioactivo tiene que deberse a algún aditivo químico delicioso y ya prohibido en Europa que aquí aún es legal. Así que no me ha quedado más remedio que probarla, sobre todo hoy, que hemos salido tarde de trabajar, ¡y sin comer!

Se ha sugerido que siguiéramos trabajando hasta la hora de cenar. Yo he sugerido que la hora de cenar iba a ser ya mismo, que lo de currar sin comer es muy Oliver Twist y totalmente decimonónico. He ganado yo.

Ayer vimos un fenómeno espectacular y muy poco corriente, al menos fuera de la región ecuatorial: un arcoiris circular.

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¿A que es una chulada? Al parecer también se pueden ver desde los aviones, aunque es difícil porque las ventanillas son muy canijas y recortan el campo visual.

Nos pasamos 10 minutos haciéndole fotos y quemándonos la retina, pero mereció la pena.

Ayer nos fuimos al Parque Nacional de Nyungwe, al sur de Ruanda, una zona de selva tropical en la que hay chimpancés, colobos blanquinegros y otros tipos de monos. La verdad es que fue un poco decepcionante, porque nos dimos una paliza de coche brutal para una excursión de un par de horitas en la que vimos tres colobos y para de contar. Pero al menos estuvimos en la selva.

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Eso es un colobo blanquinegro. No pudimos ver chimpancés, porque para eso hay que pasar la noche en el parque y salir como a las 6 de la madrugada, así que no nos animamos.

La selva es espesísima, y un barrizal, anduvimos a los resbalones todo el tiempo. Además está a bastante altitud, así que en seguida se queda uno sin aliento, pero fue un bonito paseo.

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El parque está rodeado de plantaciones de te enormes, como la de la siguiente foto. Al fondo está el lago Kivu, y más allá el Congo.

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Estamos planeando una escapadita a Tanzania para visitar el Serengeti, a ver si es posible. Por ahora, tal vez el próximo sábado vayamos al lago Kivu, si es que se nos ha olvidado ya la paliza de ayer.

Cuando digo que fue una paliza de coche, puede parecer que era lejos, pero no. Aquí todo está cerca, que el país entero es del tamaño de Ciudad Real. Pero las carreteras son atroces. Son de dos carriles, uno para cada sentido, y llenas de curvas y baches, y nuestro conductor debe ser británico porque se pasa el 90% del tiempo en el carril izquierdo. Yo intento dormir durante el trayecto, porque si voy mirando el terror me quita años de vida. Los adelantamientos en curvas sin visibilidad con cambio de rasante incluido son de lo más normal. Podría decir que, por suerte, la velocidad máxima permitida es de 60 Km/h, pero nuestro conductor se pone a 140 como si nada. Ayer la policía intentó pararlo tres veces para multarlo, pero con un desprecio infinito por la autoridad los ignoró totalmente. Un figura.

Es la que estamos librando Miguel y yo contra el resto del mundo. Porque la verdad es que aquí tampoco es que haga un calor sofocante, así que de ninguna manera son necesarias OCHO unidades de aire acondicionado para enfriar una sala. Que con dos vamos que nos matamos, porque cuando nos los ponen todos en marcha (todas las mañanas, y nosotros venga a apagarlos) parece que se aproxima una nueva era glacial. Hace tanto frío y el aire queda tan seco que Miguel ya está acatarrado y a mí me sangra la nariz a lo bestia a todas horas, de forma totalmente espontánea. Ayer necesité un paquete de kleenex y dos rollos de papel higiénico para mantener la cosa bajo control, y encima luego me sugirieron que me metiera una bolita de algodón en la nariz. Se me ocurrieron varias respuestas, algunas de ellas sobre posibles ubicaciones del mando a distancia del aire, pero me callé. Mi autocontrol me deja asombrada.

Hoy por fin es viernes, último día de frío, y para mañana hemos planeado una visita al parque de Nyungwe, al sur del país. Es una zona de tipo selva tropical, con cientos de pájaros y monos de varios tipos, hasta chimpancés. Es donde estuvo estudiándolos Jane Goodall durante años. Me han dicho que para verlos hay que estar allí a las 4 de la madrugada, así que nos conformaremos con los colobos y los monos azules. Habrá fotos.

Hoy hace dos semanas que estoy aquí. No es tanto tiempo, ya lo sé, pero la cuestión es que me quedan 6 semanas más!!!! :( (((((((

Creo que el festivo de ayer me ha sentado fatal, porque hoy me he levantado sin ninguna gana de trabajar. Y eso que el fin de semana ha sido divertido, con la visita al parque, pero hoy tiene pinta de que va a llover, así que nos tocará pasar la tarde metidos en el hotel. Un rollo.

En fin, dejo de quejarme y pongo fotos, que es lo bueno. Esta mujer se pasa el día barriendo hojas con su manojo de ramitas. Todos los días. Y aún no se le ha ocurrido atarlo a un palo para no machacarse las lumbares.

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El sábado, al volver del parque, nos paramos en una plantación de plátanos para que el conductor comprase unos cuantos, y aproveché para sacarles fotos a los niños que había por allí. Los soborné con galletas de chocolate para que se acercaran.

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Me temo que el reparto no fue muy equitativo, y los niños mayores se llevaron más galletas de las que deberían, pero eran demasiadas manos al mismo tiempo.

Ayer, haciendo uso de gran sutileza, mano izquierda y morro, y casi sin que pareciera idea mía, conseguí que nos organizaran una visita al Parque Nacional de Akagera, en la frontera entre Ruanda y Tanzania, a un par de horas escasas en coche de Kigali.

Quedamos con el chofer a las 4 a.m. (dolor!), pero se quedó dormido y no apareció hasta las 4.45. Dió igual, recuperó el tiempo perdido conduciendo como un loco, con lo que llegamos al parque a las 6, donde recogimos a un guía y empezamos la visita.

Es una zona tipo sabana, con jirafas y antílopes. Al parecer hay un único elefante, que claro, no vimos. Y hubo un león hace años, pero se fue cuando la guerra, que casi mejor, porque así a veces podíamos bajar del coche con toda tranquilidad (la mayor parte del tiempo no, para no espantar a los animales).

Estuvimos en el parque unas cuatro horas, recorriéndolo en el todo terreno y parando cada poco porque había un animal nuevo al lado del camino. Sólo nos quedaron sin ver las cebras, que parece que hoy no les dio la gana de asomarse. He hecho un millón de fotos, y hasta algunos vídeos, ha sido estupendo.

A los tres minutos de entrar en el parque, zas! Jirafa!

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Y al poco ratito nos encontramos con una manada de búfalos descansando a la sombra.

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También hemos visto montones de antílopes, impalas, y hasta jabalíes. Me encantan las orejas de los impalas, parece que estuvieran ribeteadas de terciopelo.

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En la segunda parte del safari hemos ido a una zona donde hay un lago con hipopótamos, cocodrilos (sólo vimos uno pequeñito), y un montón de babuinos.

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¡La babuina con su babuinito, a un metro del camino! Ahí puesta, tan pancha y sin inmutarse. Estoy lista para mi primer plano, señor De Mille. ¿No está fantástica?

Ahora está lloviendo a mares y no podemos salir del hotel, pero hemos pasado una mañana estupenda.

Gorillas RevisitedHoy hemos leído que hace un par de días ha muerto Titus, el rey de los gorilas de espalda plateada de Ruanda. Justo estos días hemos estado intentando averiguar cómo ir a visitar la reserva sin que nos cueste un ojo de la cara, porque en la web de turismo de Ruanda pone que cuesta 500$ para los no nacionales y 250$ para los extranjeros, lo que nos tiene totalmente desconcertados. Y digo yo que ahora, sin Titus, tendrán que rebajar el caché… De momento vamos a esperar, porque también nos han dicho que hay un incendio en la zona, y tendría guasa pagar tanto dinero y pegarse una caminata de 10 Km. volcán arriba para encontrarnos con que los gorilas han huido del fuego.

Otra opción (no excluyente) es ir al parque de Akagera, cerca de la frontera con Tanzania, que es de los de jirafas y elefantes. A ese igual podemos conseguir que nos lleven por poco dinero, y al parecer está sólo a un par de horas de aquí.

Al estar tan cerca del ecuador, aquí hay exactamente 12 horas de luz al día, y el sol sale y se pone de sopetón. A las 6 de la tarde es noche cerrada, y le entra a uno un muermo tremendo. Además, como comemos mal a mediodía, cenamos tempranísimo, así que luego nos morimos de aburrimiento. Anoche estuvimos jugando a las cartas hasta le intempestiva hora de las 8.30 de la tarde, que ya nos fuimos a nuestras habitaciones. Una juerga loca, vamos.

Y claro, de puro aburrimiento nos vamos a dormir, y por las mañanas nos quejamos todos de que nos hemos despertado a las 5 ó 6 de la mañana, con todos los pajaritos ya cantando a pleno pulmón.

Éstas son un par de fotos que he hecho del hotel. Las habitaciones están como en adosados pequeñitos, como éstos.

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Y esta es la piscina, que es chiquitita, también vista desde el bar del hotel.

piscina

Ya son más de las 6, noche cerrada en Kigali.

El segundo libro de Harry Potter es un poco más oscuro que el primero, o tal vez a mí me da esa impresión porque me dan miedo las arañas… En cualquier caso, ya hay niños que son el objetivo de los ataques del monstruo de la Cámara de los Secretos, incluso uno de los tres protagonistas. Y se sabe que el monstruo mató a una niña en el pasado, así que esto ya no es como una aventura de los cinco.

Se siguen desarrollando los personajes que ya se esbozaron en el primer libro, y aparecen algunos nuevos, como el profesor Lockheart, que están muy bien.

Pero este tampoco es de mis libros favoritos, para eso está el tercero, el próximo en mi relectura de la serie, cuando tenga un rato para leer.

La conexión a Internet en este hotel es como para echarse a llorar, así que subir una fotito de nada me lleva siglos. De todas formas, voy a hacer el esfuerzo y a poner un par de las que hice esta mañana de camino al trabajo, para que os hagáis una idea de cómo es Kigali.

Kigali está desperdigada sobre varias colinas, todas llenas de casitas pequeñas, sin edificios altos. Nuestro hotel está en la parte alta de una de ellas, y esto es lo que se ve enfrente.

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En frente de una colina siempre hay otra, así que hay casitas hasta donde alcanza la vista.

horizonte

Me temo que las fotos no son muy buenas, pero están hechas desde el coche en marcha.

Hoy he cogido algunas flores, para secarlas y llevarlas a casa. En el hotel hay montones de ibiscus de diferentes colores, y por la calle hay árboles con flores de todo tipo.

Última foto: mi mochila ruandesa, en la que he colgado un montón de tonterías. La jirafa, por supuesto, para dar color local, el repelente de mosquitos de ultrasonido por energía solar, y la lámpara que me regaló Iria, que emite tanta luz que se podría ver desde el espacio. Es como tener mi propia Bat-señal.

mochila

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