Trabajo


¡Por fin nos vamos! Ya hemos pagado el hotel, tenemos nuestros billetes impresos, hemos hecho las últimas compras y hemos cerrado a presión las maletas. Sólo nos hemos quedado con unas cuantas rupias para pagar la comida, y esta tarde cogemos el avión para volvernos a España. No las tenemos todas con nosotros, después de las historias de horror que hemos oído de la gente a la que mandaron a Uruguay, que hubo alguno que se enteraba de que le habían retrasado el billete al llegar al aeropuerto (más de una vez!!!). Si es necesario, estamos dispuestos a luchar para abrirnos paso hasta el avión.

Aún no nos han dicho seguro la fecha en la que volveremos, pero se habla de dos o tres semanas. Espero que no se retrase mucho la cosa, que no quiero que me den aquí las uvas. Lo que sí estará bien será librarnos de la estación de las lluvias, que la otra noche Miguel y yo bajamos al mercadillo y al volver nos pusimos como sopas. Tuvimos que usar la bat-señal (gracias Iria!) para encontrar el camino de vuelta.

El que está cayendo ahora mismo sobre Kigali, con rayos y truenos y toda la mosca. Estamos en el restaurante del hotel, que está en una terraza, y Miguel ahora mismo tiene una nube de mosquitos, como 5 ó 6, sobrevolando su cabeza, y por detrás de él veo un montón de termitas voladoras, de las que salen a veces con la lluvia. Son enormes, con unas alas de unos 3 cm, y están medio tontas, me parece que salen a morirse. El otro día ya tuvimos una plaga de bichos de estos, justo después de un chaparrón, y nos han dicho que pronto llegará la de mantis religiosas. Parece ser que aquí las saltean y se las comen. Puaj!

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Parece ya casi seguro que nos volvemos el sábado a Madrid, y que volveremos más adelante, a pasar otro mes. ¡Tengo unas ganas! Pienso pasarme todo el domingo comiendo cosas ricas. Y voy a poder pasar mi cumpleaños en casa, menos mal.

Ayer estábamos vagos, así que nos decidimos por una excursión cortita al lago Muhazi. Está a una hora de camino de Kigali, pero por la carretera buena (quiero decir la menos mala). Esta vez nuestro conductor no fue capaz de saltarse los controles policiales, y nos detuvieron dos veces para multarlo. Ahora circula por ahí sin carnet de conducir, tan campante.

Esta foto la hice mientras nos ponían la multa. Las carreteras están siempre así, llenas de gente, a cualquier hora del día, parece que no tuvieran nada que hacer o a donde ir.

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En el lago hay pequeñas playas, con alguna cafetería, para que vayan los turistas a bañarse. Nosotros no nos metimos, porque el agua estaba inmunda, sólo nos tomamos algo allí a la sombrita, que se estaba la mar de bien.

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Pasamos una mañana agradable, aunque no había mucho que ver, aparte de una grulla casi tan grande como yo.

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Volvimos a tiempo para comer en el hotel, y nos pasamos la tarde jugando a las cartas, que ya estoy empezando a aborrecerlas. En el próximo viaje me llevo un Scrabble y un Trivial. Por lo menos.

… da gusto tener sed!

La foto que viene a continuación es de una Fanta naranja ruandesa, que aquí parece aún más popular que la Coca-Cola.

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Ese increíble tono naranja-radioactivo tiene que deberse a algún aditivo químico delicioso y ya prohibido en Europa que aquí aún es legal. Así que no me ha quedado más remedio que probarla, sobre todo hoy, que hemos salido tarde de trabajar, ¡y sin comer!

Se ha sugerido que siguiéramos trabajando hasta la hora de cenar. Yo he sugerido que la hora de cenar iba a ser ya mismo, que lo de currar sin comer es muy Oliver Twist y totalmente decimonónico. He ganado yo.

Ayer vimos un fenómeno espectacular y muy poco corriente, al menos fuera de la región ecuatorial: un arcoiris circular.

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¿A que es una chulada? Al parecer también se pueden ver desde los aviones, aunque es difícil porque las ventanillas son muy canijas y recortan el campo visual.

Nos pasamos 10 minutos haciéndole fotos y quemándonos la retina, pero mereció la pena.

Ayer nos fuimos al Parque Nacional de Nyungwe, al sur de Ruanda, una zona de selva tropical en la que hay chimpancés, colobos blanquinegros y otros tipos de monos. La verdad es que fue un poco decepcionante, porque nos dimos una paliza de coche brutal para una excursión de un par de horitas en la que vimos tres colobos y para de contar. Pero al menos estuvimos en la selva.

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Eso es un colobo blanquinegro. No pudimos ver chimpancés, porque para eso hay que pasar la noche en el parque y salir como a las 6 de la madrugada, así que no nos animamos.

La selva es espesísima, y un barrizal, anduvimos a los resbalones todo el tiempo. Además está a bastante altitud, así que en seguida se queda uno sin aliento, pero fue un bonito paseo.

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El parque está rodeado de plantaciones de te enormes, como la de la siguiente foto. Al fondo está el lago Kivu, y más allá el Congo.

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Estamos planeando una escapadita a Tanzania para visitar el Serengeti, a ver si es posible. Por ahora, tal vez el próximo sábado vayamos al lago Kivu, si es que se nos ha olvidado ya la paliza de ayer.

Cuando digo que fue una paliza de coche, puede parecer que era lejos, pero no. Aquí todo está cerca, que el país entero es del tamaño de Ciudad Real. Pero las carreteras son atroces. Son de dos carriles, uno para cada sentido, y llenas de curvas y baches, y nuestro conductor debe ser británico porque se pasa el 90% del tiempo en el carril izquierdo. Yo intento dormir durante el trayecto, porque si voy mirando el terror me quita años de vida. Los adelantamientos en curvas sin visibilidad con cambio de rasante incluido son de lo más normal. Podría decir que, por suerte, la velocidad máxima permitida es de 60 Km/h, pero nuestro conductor se pone a 140 como si nada. Ayer la policía intentó pararlo tres veces para multarlo, pero con un desprecio infinito por la autoridad los ignoró totalmente. Un figura.

Es la que estamos librando Miguel y yo contra el resto del mundo. Porque la verdad es que aquí tampoco es que haga un calor sofocante, así que de ninguna manera son necesarias OCHO unidades de aire acondicionado para enfriar una sala. Que con dos vamos que nos matamos, porque cuando nos los ponen todos en marcha (todas las mañanas, y nosotros venga a apagarlos) parece que se aproxima una nueva era glacial. Hace tanto frío y el aire queda tan seco que Miguel ya está acatarrado y a mí me sangra la nariz a lo bestia a todas horas, de forma totalmente espontánea. Ayer necesité un paquete de kleenex y dos rollos de papel higiénico para mantener la cosa bajo control, y encima luego me sugirieron que me metiera una bolita de algodón en la nariz. Se me ocurrieron varias respuestas, algunas de ellas sobre posibles ubicaciones del mando a distancia del aire, pero me callé. Mi autocontrol me deja asombrada.

Hoy por fin es viernes, último día de frío, y para mañana hemos planeado una visita al parque de Nyungwe, al sur del país. Es una zona de tipo selva tropical, con cientos de pájaros y monos de varios tipos, hasta chimpancés. Es donde estuvo estudiándolos Jane Goodall durante años. Me han dicho que para verlos hay que estar allí a las 4 de la madrugada, así que nos conformaremos con los colobos y los monos azules. Habrá fotos.

Hoy hace dos semanas que estoy aquí. No es tanto tiempo, ya lo sé, pero la cuestión es que me quedan 6 semanas más!!!! :( (((((((

Creo que el festivo de ayer me ha sentado fatal, porque hoy me he levantado sin ninguna gana de trabajar. Y eso que el fin de semana ha sido divertido, con la visita al parque, pero hoy tiene pinta de que va a llover, así que nos tocará pasar la tarde metidos en el hotel. Un rollo.

En fin, dejo de quejarme y pongo fotos, que es lo bueno. Esta mujer se pasa el día barriendo hojas con su manojo de ramitas. Todos los días. Y aún no se le ha ocurrido atarlo a un palo para no machacarse las lumbares.

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El sábado, al volver del parque, nos paramos en una plantación de plátanos para que el conductor comprase unos cuantos, y aproveché para sacarles fotos a los niños que había por allí. Los soborné con galletas de chocolate para que se acercaran.

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Me temo que el reparto no fue muy equitativo, y los niños mayores se llevaron más galletas de las que deberían, pero eran demasiadas manos al mismo tiempo.

Ayer, haciendo uso de gran sutileza, mano izquierda y morro, y casi sin que pareciera idea mía, conseguí que nos organizaran una visita al Parque Nacional de Akagera, en la frontera entre Ruanda y Tanzania, a un par de horas escasas en coche de Kigali.

Quedamos con el chofer a las 4 a.m. (dolor!), pero se quedó dormido y no apareció hasta las 4.45. Dió igual, recuperó el tiempo perdido conduciendo como un loco, con lo que llegamos al parque a las 6, donde recogimos a un guía y empezamos la visita.

Es una zona tipo sabana, con jirafas y antílopes. Al parecer hay un único elefante, que claro, no vimos. Y hubo un león hace años, pero se fue cuando la guerra, que casi mejor, porque así a veces podíamos bajar del coche con toda tranquilidad (la mayor parte del tiempo no, para no espantar a los animales).

Estuvimos en el parque unas cuatro horas, recorriéndolo en el todo terreno y parando cada poco porque había un animal nuevo al lado del camino. Sólo nos quedaron sin ver las cebras, que parece que hoy no les dio la gana de asomarse. He hecho un millón de fotos, y hasta algunos vídeos, ha sido estupendo.

A los tres minutos de entrar en el parque, zas! Jirafa!

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Y al poco ratito nos encontramos con una manada de búfalos descansando a la sombra.

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También hemos visto montones de antílopes, impalas, y hasta jabalíes. Me encantan las orejas de los impalas, parece que estuvieran ribeteadas de terciopelo.

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En la segunda parte del safari hemos ido a una zona donde hay un lago con hipopótamos, cocodrilos (sólo vimos uno pequeñito), y un montón de babuinos.

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¡La babuina con su babuinito, a un metro del camino! Ahí puesta, tan pancha y sin inmutarse. Estoy lista para mi primer plano, señor De Mille. ¿No está fantástica?

Ahora está lloviendo a mares y no podemos salir del hotel, pero hemos pasado una mañana estupenda.

Gorillas RevisitedHoy hemos leído que hace un par de días ha muerto Titus, el rey de los gorilas de espalda plateada de Ruanda. Justo estos días hemos estado intentando averiguar cómo ir a visitar la reserva sin que nos cueste un ojo de la cara, porque en la web de turismo de Ruanda pone que cuesta 500$ para los no nacionales y 250$ para los extranjeros, lo que nos tiene totalmente desconcertados. Y digo yo que ahora, sin Titus, tendrán que rebajar el caché… De momento vamos a esperar, porque también nos han dicho que hay un incendio en la zona, y tendría guasa pagar tanto dinero y pegarse una caminata de 10 Km. volcán arriba para encontrarnos con que los gorilas han huido del fuego.

Otra opción (no excluyente) es ir al parque de Akagera, cerca de la frontera con Tanzania, que es de los de jirafas y elefantes. A ese igual podemos conseguir que nos lleven por poco dinero, y al parecer está sólo a un par de horas de aquí.

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