A menudo me hago esta pregunta, y cuando digo escribir no me refiero a elaborar una prosa clara a la par que elegante ni nada por el estilo, no. Me refiero simplemente a escribir sin faltas de ortografía. Lo de la corrección gramatical ya son palabras mayores y no vamos a meternos en ese jardín ahora.
Esto viene a que hace un rato leí un artículo de EL PAÍS sobre el estreno de la nueva peli de Harry Potter, y me encontré con esta perla, que reproduzco aquí para que perdure aunque alguien les diga que la corrijan:
“También hay corbatas de Hufflepuff, gorros de mago, escobas de ramas, camisetas granas y doradas, búhos de peluche y mucha barita mágica.”
¿Qué ha sido de la figura del corrector en los periódicos? ¿No les llega el presupuesto para pagar a alguien que sepa escribir “varita”? ¿O a alguien que haya estudiado primaria? Y eso que cuentan con los correctores ortográficos informáticos, no debería ser tan difícil.
El problema es que parece que hoy en día uno puede escribir y hablar como le de la gana, parece que da igual, y no es así. No da igual que uno abra la boca y de inmediato se de a conocer como un ignorante y un analfabeto, o por lo menos a algunos no nos da igual. Te dan como excusa que el idioma “evoluciona” y “cambia”, y que si no fuera así seguiríamos hablando latín. De lo que no se dan cuenta es de que esos cambios se produjeron a manos de la gente más ignorante y que no tenía acceso a la instrucción, que afortunadamente hoy en día es universal. Por eso siempre ha habido, en cualquier idioma, un habla culta y otra vulgar, y la aspiración de cualquiera mínimamente instruido era acercarse lo más posible a la forma culta. En una palabra, mejorar.
Pero hoy parece que la aspiración de cualquiera es alcanzar el mayor y más uniforme nivel de vulgaridad posible. Tal vez así te den un puesto en La Noria, parece ser el requisito indispensable.
A la periodista de la barita, yo no digo que hubiera que azotarla en público, pero no le vendría mal sentir un poco de vergüenza. Por escribir como una ignorante.
