La ingeniería social no es ni mucho menos un tema nuevo en la ciencia-ficción, pero John Barnes consigue darle un punto de originalidad en esta novela. La protagonista, Melpemone Murray, de 13 años, pertenece a la primera generación nacida en el Flying Dutchman, un asteroide colonizado para servir de punto de tránsito entre la Tierra, asolada por las enfermedades y la polución, y Marte, en proceso de terraformación.
La colonia es la única esperanza de los pocos supervivientes que malviven en la Tierra, por lo que sus creadores han condicionado a sus hijos para que valoren por encima de todo la cooperación con el grupo. El individualismo ha desaparecido hasta tal punto que quien rehúsa cooperar con los demás está considerado al nivel de un delincuente.
La llegada de un chico nuevo procedente de la Tierra provoca una crisis, puesto que los demás chicos carecen de las habilidades sociales para enfrentarse a él. Empiezan a formarse grupos con el único objetivo de excluir a otros chicos, lo que de toda la vida ha sido de lo más normal, ya sea el grupo para jugar a la pelota o MENSA. Pero para ellos esto es algo totalmente nuevo y resulta traumático. Y pronto se hace patente que los adultos no están preparados para resolver los problemas de la sociedad que han creado.
La historia me recuerda un poco a El juego de Ender, no solo por la manipulación de los chicos sino por los juegos en baja gravedad que practican. La diferencia está en que aquí no se trata de aislar a un genio para que se convierta en líder, sino en todo lo contrario. Si Ender nunca se atrevía a mostrar sus sentimientos puesto que serían vistos como una forma de debilidad, Melpemone y sus compañeros lloran a moco tendido a la mínima provocación, tanto en privado como en público, todo para hacer más fuerte al grupo.
El tono de la narración también me ha recordado un poco a las novelas de Heinlein, aunque sin incestos ni apología del nacismo, lo que es de agradecer. Ni el machismo asqueroso y retrógrado de mi odiado Robert A, de hecho, tardé unas 20 páginas en descubrir el género de la protagonista. Tiene lo que tendría de bueno Heinlein si no fuera un asqueroso fascista: la descripción de una sociedad con unas normas completamente nuevas desde el punto de vista de uno de sus miembros, para quien no tiene nada de particular pero que, a diferencia de los personajes de Heinlein, se muestra crítico con los puntos más polémicos, como el que a los niños nacidos en el asteroide se los haya condicionado para que les resulte casi imposible abandonarlo. El cómo se enfrentan a esa manipulación es lo que me ha parecido más interesante de toda la historia.
En general ha estado bastante bien, creo que buscaré los siguientes libros de la saga.





