Ayer uno de mis compañeros, el que vive aquí, nos propuso ir al cine. Al parecer sólo hay uno en toda la ciudad, aunque hay otro en construcción. Es un cine pequeño y polvoriento, pero con sus butacas (desvencijadas) y su pantalla y su puesto de palomitas (cerrado), con una sesión a las 7 y otra a las 9. No sé si tiene un proyector de cine de verdad, pero lo que sí tiene es un reproductor de DVD que lee divx, así que sacamos mi disco duro, elegimos un par de pelis, las grabamos en un DVD y mi compañero llamó al cine para advertir que iríamos esa tarde y para decirles la película que queríamos ver.
A las 7 nos plantamos en el cine, que está en el barrio musulmán, y mientras esperábamos al encargado llegó una pareja de americanos, que querían averiguar cómo iba la cosa. La conversación con ellos tuvo su gracia.
—¿Llegamos tarde?
—No, la película va a empezar ahora.
—¿Y qué película es?
—M.A.S.H. Pero es en español…
—¿M.A.S.H. en español?! ¿Pero con subtítulos?
—No.
—¿Pero habéis elegido vosotros que pongan esa película?
—Sí, en realidad la hemos traído nosotros…
Creo que los pobres se quedaron totalmente desconcertados, fue la mar de gracioso.
La película la vimos los tres solos, porque el precio (1000 francos ruandeses, aproximadamente 1.20€) resulta caro para el poder adquisitivo de aquí. Y les dejamos el DVD de regalo, para contribuir a su videoteca.