Mi abuela tenía las manos más suaves que he visto en mi vida, hasta tal punto que no parecían de este mundo.
Uno de mis primeros recueros está relacionado con sus manos. Yo debía tener 2 ó 3 años como mucho, ella estaba de visita, y en algún momento que salimos a la calle me negué a darle la mano. Ella se extrañó y se molestó, y se lo contó a mi madre, puesto que yo me negué a darle ninguna explicación. Mi madre vino a hablar conmigo para averiguar qué pasaba. Recuerdo que me dio muchísimo apuro, porque era lo bastante mayor para saber que había hecho mal, primero porque en la calle debía ir de la mano de un adulto, y segundo porque la había ofendido; pero no sabía como explicar que aquella piel tan suave no me parecía piel humana sino terciopelo, que me resultaba extraña y hasta me daba repelús. Lo único que fui capaz de decirle a mi madre fue: “¡Es que son de tela!”
Creo que mi abuela se sintió complacida con mi respuesta, con que una niña tan pequeña se diera cuenta de lo extraordinarias que eran sus manos. Se sentó conmigo y me explicó que no eran de tela, que eran suyas y siempre lo habían sido. Me dejó examinarlas, y aunque durante un tiempo seguí sin querer darle la mano ella me dejó a mi aire, hasta que se me pasó la grima.
Estos últimos años sus manos ya no eran lo que habían sido, estaban envejecidas, muy delgadas y con manchas por la edad. Pero todavía hoy no he encontrado nunca a nadie con unas manos tan suaves como lo fueron las suyas.
Qué curioso
… ¡y qué comprensiva tu abuela!
Esos recuerdos de la niñez permanecen en nosotros como si estuvieran escritos con tinta indeleble. Gracias por contarlo. Tu abuela y sus manos de terciopelo
Pingback: Manos | Lo que pienso
que bonita entrada, un homenaje a las manos de tu abuela
Gracias a todos, me alegro de que os haya gustado
Ahhh hija! Qué día para leer esto!
Sus manos, las de terciopelo que nos guiaban por el mundo, ya no están más.
Incluso después de haber perdido la facultad de hablar, en cuanto me sentaba a su lado agarraba las mías y me las acariciaba. Luego, colocando una de ellas sobre la opuesta suya, me mostraba que tenía los dedos máss largos…
¡Qué emotivo!. Es muy bonito, pero me han dado ganas de llorar. Debo de estar especialmente sensible.
Ayer pedí, que puesto que tú no podías estar, pusieran un ramo de flores muy grande en tu nombre, no en vano te hacía la mejor propaganda del mundo, así que lo plantaron en la cima: Recuerdo de China. (Yo dije que “de parte de”)
Hubo gente que preguntó: También estuvo en la China?
Parecía enviado por la embajada.
Incluso en momentos terribles a veces no puedes evitar reirte.
Aquí es donde hay que explicar que me llaman China. La verdad es que tiene gracia
Toi même
Curiosa coincidencia. Mi abuela también tuvo alzheimer y también recuerdo sus manos, por finas y cuidadas a pesar de haber sido ama de casa toda su vida.
Un muy bonito recuerdo.
Un saludo.