vientoLas aventuras de Topo, Rata, Sapo y Tejón, animales personalizados que llevan batínes de seda, hacen limpiezas de primavera, pasean en bote y hasta roban coches, me parecieron absolutamente encantadoras. Todas tienen lugar en una Inglaterra pastoralizada, en la que el té se sirve siempre con sandwiches y cakes deliciosos y donde los únicos conflictos surgen por falta de modales.

Topo y Rata son dos buenos amigos a los que les gusta salir a pasear en bote o tomarse un buen te, entretenimientos tranquilos y sencillos. Pero Sapo es harina de otro costal: le gustan las emociones fuertes, y cuando descubre los automóviles ya no descansa hasta hacerse con uno. A partir de ahí todo son desastres, se suceden los accidentes, y Sapo llega a obsesionarse hasta el punto de robar un coche para poder seguir conduciendo. Ni siquiera la intervención del sensato Tejón sirve de nada, y Sapo acaba en la cárcel. Consigue escapar a base de engaños, y continúa con su loca carrera. Pero las cosas van de mal en peor para el pobre Sapo: su mansión ha sido ocupada por las malvadas Comadrejas. Sólo con la ayuda desinteresada de sus amigos logra reconquistar su casa, y por fin se da cuenta de lo erróneo de su conducta. Sapo pide perdón, y todos viven felices.

Me recuerda un poco a Tolkien (o más bien Tolkien a esto), por lo de la idealización de la vida en el campo, y la exaltación de la sensillez y la tradición frente al progreso.