millenium-2Llega ya la segunda entrega de la trilogía de Millennium, apenas unos meses después de la primera, basada en la novela del mismo título de Stieg Larsson, y que sigue donde lo dejó Los hombres que no amaban a las mujeres.

La película tiene una gran ventaja sobre el libro, y es que no pierde el tiempo con repeticiones tediosas de lo que pasó en la primera parte, ni siquiera para volver a presentarnos a los personajes. Con un par de flashbacks de unos segundos deja el tema resuelto, lo que es de agradecer, y entra directamente en harina: el guardián-violador de Lisbeth Salander quiere librarse de ella como sea, por lo que se pone en contacto con cierta gente de su pasado. Por otro lado, un colaborador de la revista Millennium que prepara un extenso artículo sobre la trata de blancas en Suecia es brutalmente asesinado junto con su novia, de lo que culparán a Lisbeth, y se empieza a hablar ya de la policía secreta Sueca y de la trama política que da lugar su internamiento y su declaración de incapacidad, que será en lo que se centrará el desenlace de la trilogía.

Estas dos tramas, que están relacionadas, son las que traen de cabeza a Lisbeth y Mikael Bloomkvist en esta ocasión, pero no voy a contar más para no chafarle la peli a nadie. No como ha hecho el tarado que montó el trailer, que hace falta ser mala persona, porque digo yo que aunque parezca increíble no todo el mundo se habrá leído los libros.

A pesar de que esta vez los acontecimientos afectan a Salander de forma personal, sigue mostrando la misma frialdad que en la primera parte, como si la cosa no fuera con ella, y eso es algo que a mí me desconecta de la historia, porque si a la afectada le da igual no veo por qué me va a importar a mí.

La película tiene un buen ritmo, los actores están más que correctos, y que es entretenida ya lo saben los millones de lectores de Larsson. Afortunadamente no hay nada tan desagradable como la escena de la violación de la primera parte, que era como para ponerse mala. Todo el sexo de la peli es consentido y lésbico, que habrá a quien le parezca de lo más transgresor, pero a mí me aburre mogollón.

En cuanto a los defectos de la película, son los mismos que los de los libros. Lisbeth Salander no sólo es la pera de lista, sino que debe de ser la otra identidad secreta de Superman, porque si no, no se explica que una chica de metro y medio y menos de 50 kilos haga esas cosas. Yo lo sé bien, porque son mi peso y mi estatura, y no tengo media torta. También he echado de menos los impresionantes paisajes nevados de la primera que daban aquella sensación de vacío y soledad, ya que esta historia se desarrolla prácticamente toda en Estocolmo, y además en verano (o lo que entienden los suecos por verano).

Ésta es una película, aún más que la primera parte, para fans incondicionales de la saga de Larsson, pero no creo que interese demasiado al resto del público, a menos que quieran divertirse identificando muebles de Ikea o ropa de H&M.

[Publicado primero en La Lintera Mágica]

hushhush

En BookBrowse recomendaban este libro como la elección del editor, así que me lo bajé anoche para ver de qué iba, y no me ha hecho falta llegar al capítulo dos para saber que no me interesa.

La historia está narrada en primera persona por una chica de instituto, a la que le toca hacer un trabajo de biología con el nuevo de la clase, el típico chico malo. En cuanto la chica empiezó a describir sus “musculosos brazos”, cerré el libro y me fui a dormir. Es el inconveniente del formato electrónico, si hubiera visto esta portada nunca lo hubiera empezado.

el_secreto_de_sus_ojosLa nueva película de Juan José Campanella, director de El hijo de la novia, es una intriga policíaca que se desarrolla a lo largo de 25 años. El protagonista es Benjamín Espósito, un empleado de los juzgados interpretado por Ricardo Darín (qué tipo tan atractivo, se parece a Tom Skerritt) quien, tras jubilarse, decide escribir una novela sobre la investigación del caso de violación y asesinato de una joven con el que lleva obsesionado toda la vida.

La película, mediante una serie de flashbacks, sigue dos líneas temporales, una en el presente con Benjamín volviendo a contactar con su antigua jefa en el juzgado y amor frustrado, y la otra empezando 25 años atrás, durante la investigación, según se van despertando sus recuerdos. La desazón y desamparo del marido de la víctima, su devoción por su esposa muerta y su confianza en que atraparán al asesino causan tal impresión en Benjamín que no puede dejar de insistir, aun cuando le supone violar la ley y meterse en problemas con el juez del caso, y es sólo gracias a su tesón que consiguen identificar y localizar a un sospechoso. Pero la situación política de la Argentina de la época hace que las cosas se compliquen, el asesino queda impune y Benjamín ve su vida en peligro.

Todos los secundarios están estupendos. El toque de humor lo pone Guillermo Francella, el compañero de trabajo de Benjamín, un alcohólico al que siempre tiene que estar rescatando de peleas de bar y que está fantástico. Y el romance, Soledad Villamil, el amor platónico de Benjamín, una chica de buena familia que está muy por encima de sus posibilidades. Al retomar el contacto con ella para recordar los detalles del caso él se pregunta cómo podría haber sido su vida, y si todavía podrá reconducirla hacia algo que merezca la pena. Y el asesino, interpretado por Javier Godino, es escalofriante. Hay una escena en un ascensor del Ministerio del Bienestar Social que pone los pelos de punta.

La película mantiene siempre la tensión, con un ritmo a veces hasta trepidante, y con una fotografía y unos encuadres estupendos. Hay un plano secuencia de un estadio de fútbol que resulta espectacular, por mucho que sepamos que tiene truco, y en cambio en las escenas de diálogo casi parece que nos estamos asomando por encima del hombro de los protagonistas. Solo pongo una pega, y es algo que pasa mucho en el cine actual: la repetición de flashbacks. Es cierto que en este caso es justo al final, como para rememorar los detalles más importantes, y son muy breves, pero aún así es algo que me revienta. Parece que los espectadores tuviéramos memoria de pez, y que fuéramos incapaces de recordar nada que haya pasado hace más de 45 minutos. Si ya lo he visto una vez no necesito que me lo repitan, gracias.

Pero lo más impactante de toda la película es el final, que por supuesto no voy a contar, pero que es tan tremendo, tan duro y tan implacable que una no sabe si quedarse planchada en la butaca o salir corriendo del cine.

En resumen, una película muy recomendable, original, bien llevada y bien filmada, lo que no es nada frecuente.

agoraAcabo de pasar un mes y dos días en Ruanda, sin cine y con una televisión en la que sólo emitían fútbol: la liga española, la liga italiana, la liga inglesa, la Champions, las ligas africanas… No creí que hubiera tanto fútbol en el planeta, pero si lo hubiera fuera del Sistema Solar, lo emitirían en Ruanda.

Por supuesto, he llegado con un mono de cine tremendo, y deseando ir a ver alguna película, cualquier película. Por suerte el otoño es época de buenos estrenos, así que me encontré con varias opciones, y me decidí por Ágora, la superproducción de Alejandro Amenábar. Este chico no es santo de mi devoción, me parece que hace películas correctas, pero que tampoco son para tanto. Que no es Scorsesse, vamos.

Menudo muermo.

La peli narra la historia de Hipatia de Alejandría, filósofa del siglo IV d.C., que escribió varios tratados sobre matemáticas y astronomía en una época en la que el cristianismo estaba en pleno auge, y de la destrucción a manos de los cristianos de la famosa biblioteca de Alejandría. Ya es raro que una película tenga por protagonista a un científico, en esta sociedad en que se encumbra a cualquier tarugo capaz de darle patadas a un balón, pero en la que si uno es inteligente lo más probable es que le den palizas en el colegio. Pero yo diría que Amenábar no tiene muy claro qué hace un matemático. Para hacernos ver que Hipatia es la mar de lista, en una secuencia al principio de la peli nos la enseña corrigiendo a su padre, el filósofo Teón: “No, padre, no da 16, da 14”. Una conversación muy plausible para una mujer que mejoró el diseño del astrolabio, aparte de que los matemáticos no trabajan con números, sino con letras (A= B, B=C => A=C). En otro momento la tenemos discutiendo la teoría heliocentrista con uno de sus esclavos. Sí, seguro que era así como la chica contrastaba sus ideas. ¿Es que los cineastas no saben retratar a un científico sin soltar chorradas? Creo que la única peli que lo consigue es Una mente maravillosa.

A partir de ahí, la cosa empeora. No consiguió interesarme en absoluto, ni con el conflicto entre paganos y cristianos o entre judíos y cristianos (o entre cualquiera y los cristianos), ni con el pseudo-triángulo amoroso entre Hipatia, su alumno Orestes y su criado, que estaba claro que no iba a llegar a ninguna parte, ni con los planos aéreos de Alejandría y su faro. ¿De qué iban esos momentos Google Maps? ¿Teníamos que ver la insignificancia de los problemas humanos ante la vastedad del universo? Entonces, ¿para qué contar la historia?

Qué puedo decir, me cabrea ver a gente quemar libros, y a un cura salirse con la suya. En esta película tenemos las dos cosas, pero todo ocurre con tanta lentitud y es tan aburrida que ni siquiera consiguió indignarme.

Donde seguramente levantará ampollas será en los EEUU cuando se estrene allí, porque pone a los cristianos como una pandilla de vándalos destructivos y traicioneros. Podrían hacer una sesión doble con Dogma, a ver a cuántos cines les prenden fuego.

Ya sabía yo que debería haber ido a ver la de Woody Allen.

[Publicado primero en La Lintera Mágica]

an-old-fashioned-girlLa pequeña Polly Milton hace una visita a su amiga Fan Shaw, como se hacían antes esas cosas, por un par de meses. Polly es una niña de pueblo y las costumbres y la sofisticación de la ciudad le resultan extrañas, y a veces hasta repelentes, por lo que la consideran una chica “a la antigua”.

Pero Polly es tan buena, tan buena, pero TAN BUENA, que con su ejemplo hace cambiar a Fan y a sus hermanos, el travieso Tom y la pequeña Maud. Les enseña a respetar a su abuela y a mostrar afecto a su padre. De la madre no se ocupa, porque es una perezosa, lo que para Alcott debía ser la peor de las transgresiones.

Los años pasan, y Polly vuelve a la ciudad para trabajar como profesora de piano, y así ayudar a pagar los estudios de su hermano, pero sigue siento TAN BUENA, que no sucumbe a las tentaciones de las diversiones de la gran ciudad, y se conforma con su trabajo. Los Shaw siguen sintiendo su influencia, y gracias a ella consiguen superar la bancarrota de su padre. Fan se casa con un hombre rico, y Polly con Tom, como se ve venir desde la página 2, más o menos, y todos tan felices.

A pesar de ser una historia tan convencional, se tratan temas como la independencia de las mujeres, su derecho a ganarse la vida y el derecho al voto. Tal vez la autora exagera tanto haciendo de Polly una chica tan recatada para poder hacerla tan moderna en otros aspectos.

Aprendiz_de_asesinoAl poco de empezar a leer este libro, me di cuenta de que ya lo había leído, pero en inglés. Es asombroso lo que puede cambiar las cosas una traducción.

El protagonista es un niño, hijo bastardo del príncipe heredero al trono. A los 6 años su abuelo materno lo lleva a la corte y lo deja allí, para que su padre se haga cargo de él. Allí crece el chaval, sin ver nunca a su padre, que pretende protegerlo de las intrigas de la corte, y sin que se le de un nombre: sólo se dirigen a él como “chico” o “bastardo”, o a veces como Traspié. Y ahí está una de las mayores diferencias con la edición original, en la que usan la partícula Fitz, que significa bastardo. Un Fitzwilliam es un bastardo de un William, un Fitzroy, del rey. Es de lo más despectivo y humillante, mientras que Traspié suena a mote graciosillo.

Por supuesto, tratándose de una novela fantástica, tiene que haber magia, que en esta ocasión se manifiesta en la capacidad de los miembros de la familia real para la telepatía y la coerción. Pero en lugar de emplearlo en esto, a nuestro protagonista lo destinan a otra tarea: la de espía y asesino real.

Como es el primer libro de una trilogía, la cosa queda sin rematar, con el reino amenazado por unos temibles piratas, que secuestran pueblos enteros y piden un rescate bajo la amenaza de devolverlos, pero totalmente despojados de sentimientos humanos.

No sé si me animaré a continuar la trilogía, me parece que avanza con demasiada lentitud.

Ender In ExileY van nueve. Pero en cuanto hay un libro de Ender yo tengo que leerlo, así que como si son 150, y aunque hayan pasado 23 años entre El juego de Ender y éste.

En esta ocasión, volvemos a saltar atrás en la cronología interna de la saga, para aterrizar justo entre los dos últimos capítulos de El juego de Ender. La guerra contra los insectores ha terminado, Ender sigue en Eros, y empieza a darse cuenta de que no va a poder volver a casa, ya que lo consideran un arma demasiado poderosa para pertenecer a un único país. Por lo tanto su única opción es el exilio a una de las nuevas colonias que se están estableciendo en los mundos de los insectores, aunque no tendrá que ir solo, lo acompañará su hermana Valentine.

Ender sigue como siempre, su capacidad para entender a los demás lo pone siempre en una situación de ventaja, ya que sabe cómo van a reaccionar y qué es lo que de verdad quieren.

Es un libro para atar cabos sueltos, como ¿por qué Ender es el gobernador de su colonia? ¿Cómo se inicia el movimiento del Portavoz de los muertos? ¿Cuándo pasa Ender de ser considerado un héroe al peor asesino de la historia? Y ya de paso, lo que queda de la saga de las Sombras, con el hijo perdido de Bean y Petra. Esto último me ha parecido un pegote, la verdad. También se responde la única pregunta que preocupa a Ender, que es por qué los insectores se dejaron matar.

No me ha gustado mucho cómo se resuelve el tema de los padres de Ender, que en los libros de las Sombras tienen una parte muy activa. Aquí Ender se niega a tener ningún contacto con ellos durante años, y cuando por fin lo hace dice que es porque no le parecía justo que tuviera que ser él el que iniciase el contacto. Sin embargo, al principio del libro sus padres se quejan de que es Ender el que no contesta a sus cartas…

¡Por fin nos vamos! Ya hemos pagado el hotel, tenemos nuestros billetes impresos, hemos hecho las últimas compras y hemos cerrado a presión las maletas. Sólo nos hemos quedado con unas cuantas rupias para pagar la comida, y esta tarde cogemos el avión para volvernos a España. No las tenemos todas con nosotros, después de las historias de horror que hemos oído de la gente a la que mandaron a Uruguay, que hubo alguno que se enteraba de que le habían retrasado el billete al llegar al aeropuerto (más de una vez!!!). Si es necesario, estamos dispuestos a luchar para abrirnos paso hasta el avión.

Aún no nos han dicho seguro la fecha en la que volveremos, pero se habla de dos o tres semanas. Espero que no se retrase mucho la cosa, que no quiero que me den aquí las uvas. Lo que sí estará bien será librarnos de la estación de las lluvias, que la otra noche Miguel y yo bajamos al mercadillo y al volver nos pusimos como sopas. Tuvimos que usar la bat-señal (gracias Iria!) para encontrar el camino de vuelta.

El que está cayendo ahora mismo sobre Kigali, con rayos y truenos y toda la mosca. Estamos en el restaurante del hotel, que está en una terraza, y Miguel ahora mismo tiene una nube de mosquitos, como 5 ó 6, sobrevolando su cabeza, y por detrás de él veo un montón de termitas voladoras, de las que salen a veces con la lluvia. Son enormes, con unas alas de unos 3 cm, y están medio tontas, me parece que salen a morirse. El otro día ya tuvimos una plaga de bichos de estos, justo después de un chaparrón, y nos han dicho que pronto llegará la de mantis religiosas. Parece ser que aquí las saltean y se las comen. Puaj!

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Parece ya casi seguro que nos volvemos el sábado a Madrid, y que volveremos más adelante, a pasar otro mes. ¡Tengo unas ganas! Pienso pasarme todo el domingo comiendo cosas ricas. Y voy a poder pasar mi cumpleaños en casa, menos mal.

Ayer estábamos vagos, así que nos decidimos por una excursión cortita al lago Muhazi. Está a una hora de camino de Kigali, pero por la carretera buena (quiero decir la menos mala). Esta vez nuestro conductor no fue capaz de saltarse los controles policiales, y nos detuvieron dos veces para multarlo. Ahora circula por ahí sin carnet de conducir, tan campante.

Esta foto la hice mientras nos ponían la multa. Las carreteras están siempre así, llenas de gente, a cualquier hora del día, parece que no tuvieran nada que hacer o a donde ir.

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En el lago hay pequeñas playas, con alguna cafetería, para que vayan los turistas a bañarse. Nosotros no nos metimos, porque el agua estaba inmunda, sólo nos tomamos algo allí a la sombrita, que se estaba la mar de bien.

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Pasamos una mañana agradable, aunque no había mucho que ver, aparte de una grulla casi tan grande como yo.

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Volvimos a tiempo para comer en el hotel, y nos pasamos la tarde jugando a las cartas, que ya estoy empezando a aborrecerlas. En el próximo viaje me llevo un Scrabble y un Trivial. Por lo menos.

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